Francisco José de Caldas

(Francisco José de Caldas y Tenorio; Popayán, 1768 - Santafé de Bogotá, 1816) Geógrafo y naturalista colombiano. Sin apenas disponer de medios adecuados de trabajo, en las "tinieblas" que rodeaban a América, según su propia expresión, realizó investigaciones y descubrimientos que sorprendieron a hombres tan ilustres como Mutis y Humboldt, de los que fue amigo y compañero.


Francisco José de Caldas

Miembro de la segunda generación de ilustrados hispanoamericanos, Francisco José de Caldas, llamado "el Sabio", mostró desde niño gran interés por las matemáticas, las ciencias físicas y la astronomía. Tras cursar estudios en su tierra natal, se trasladó a Santafé y se graduó como jurista sólo para dar gusto a su familia, pues pronto regresó a Popayán y decidió dedicarse a lo que más le interesaba: la astronomía, las matemáticas y las ciencias físicas.

En 1795 debió dedicarse al comercio de ropas en Quito, La Plata y Timaná, oportunidad que aprovechó para determinar la posición geográfica de los lugares que visitaba y para realizar observaciones de la naturaleza y de los usos y costumbres de los distintos pueblos. Su equipo de trabajo básico se componía de un barómetro, una brújula y un termómetro. Cuando no conseguía los instrumentos que necesitaba los construía él mismo: fabricó un gnomon, un cuadrante solar y otros instrumentos de medición.

Después de diversos experimentos observó que "la temperatura del agua destilada, en ebullición, es proporcional a la presión atmosférica", nueva ley física que le permitió medir las alturas mediante nuevos procedimientos y que sería utilizada después por Humboldt, quien sorprendentemente se olvidó en este caso del inventor. El denominado hipsómetro, instrumento por él inventado, sirve para medir la altitud de un lugar, observando la temperatura que alcanza en ese sitio el agua cuando empieza a hervir.

En 1801 publicó el artículo "La verdadera altura del Cerro de Guadalupe" en el Correo Curioso y Mercantil. Interesado en la botánica, Caldas se había relacionado con el sabio José Celestino Mutis y, a través de éste, con el alemán Alexander von Humboldt, quien preparaba un viaje a Quito. El alemán quedó sorprendido de la precisión de los instrumentos del caucano, pero rechazó su propuesta de acompañarlo en el viaje que proyectaba por América. Tras permanecer tres años y medio de estudio e investigación en Ecuador, en 1804 Caldas publicó Viaje de Quito a las costas del océano Pacífico por Malbucho y Viaje al corazón de Barnuevo.

En 1805 se vinculó como astrónomo a la Real Expedición Botánica y fue nombrado director del Observatorio Astronómico de Santafé. A la Real Expedición Botánica de 1805 aportó Francisco José de Caldas dieciséis cargas de diversos materiales y dos volúmenes descriptivos de usos, costumbres, industrias, agricultura, tintes, recursos, población, enfermedades endémicas, vicios y literatura de la zona que había recorrido entre marzo y diciembre de ese año: salió de Quito hacia el norte, exploró la región situada entre los ríos Chota y Guáitara, la provincia de Pasto, la de Popayán hasta Quilichao, las cercanías de Cali por el occidente y hasta el páramo de Guanacas por el norte, La Plata, Timaná, Neiva y otros distritos del alto Magdalena.


Francisco José de Caldas

El año 1808 fue el más importante de su vida: comenzó la publicación del Semanario del Nuevo Reino de Granada, que posteriormente completaría con las Memorias, donde apareció el grueso de su obra científica. En 1810 se casó con María Manuela Barona. Con el advenimiento de la Independencia, Caldas se dedicó al estudio de la ciencia militar, ya que el presidente Nariño lo nombró capitán del Cuerpo de Ingenieros Cosmógrafos. Después se le encargó la publicación del Almanaque de las Provincias Unidas del Nuevo Reino de Granada y otras misiones.

Pero la guerra contra los españoles lo contó entre sus víctimas. Cuando la capital cayó en manos de los realistas, huyó al sur y se refugió en la hacienda familiar de Paispamba, donde fue apresado y remitido, junto con otros patriotas, a Santafé. El primer científico colombiano fue condenado a ser fusilado por la espalda, ejecución que se aplicó el 29 de octubre de 1816. El presidente del tribunal que lo juzgó dijo por su cuenta aquello de que "España no necesita de sabios"; pero España se sintió más tarde avergonzada de la incultura y crueldad de su representante y dedicó al ilustre Caldas una placa de mármol en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Obras de Francisco José de Caldas

A Francisco José de Caldas se le ha llamado "primer científico colombiano" y "padre de la geografía y de la ingeniería nacional", pero hay que tener en cuenta las limitaciones de la época, las inconsistencias teóricas de la formación que recibió y sus efectivas realizaciones. Lo más significativo son sus planteamientos sobre la ciencia y la intuición, así como la crítica que adelantó sobre las instituciones culturales de entonces; todo ello acertado, si bien es verdad que difuso, y muchas veces formulado bajo el efecto del descontento y la decepción. Caldas fue un clásico criollo ilustrado formado en la etapa previa a la independencia de las colonias, y como tal se adscribió a un cierto americanismo o nacionalismo todavía en formación; desde esa perspectiva, planteó la necesidad de que la ciencia en el continente fuera asumida por los criollos y desarrollada por ellos.

Respecto a la importancia geopolítica de la actual Colombia y a sus posibilidades de desarrollo, Caldas fue sin duda un visionario. En sus reflexiones acerca de la situación cultural, social y económica de América, promovió la necesidad de un profundo y exacto conocimiento de la propia condición americana como paso previo al impulso necesario de la industria, la economía, el comercio y el resto de actividades productivas para subvertir la situación de excesiva dependencia de la metrópoli europea que América había venido padeciendo durante los siglos coloniales.

No fue otra aspiración que ésta la que alentó sus esfuerzos por levantar cartas geográficas y mapas de todo tipo. Y en particular sobre el antiguo Virreinato de Nueva Granada, que Caldas consideraba, por su geografía y situación, una región geoestratégica con mucho recorrido, tanto por su variedad de paisajes y climas (y, por tanto, de producción agrícola y ganadera) como por las grandes posibilidades que tenía para el comercio, gracias en buena medida a su proximidad al istmo de Panamá.

La labor científica y literaria de Francisco José de Caldas se encuentra esencialmente recogida en el Semanario del Nuevo Reino de Granada, que se publicó semanalmente de 1808 a 1809 y continuó en cuadernos mensuales hasta 1810, año en que fue suspendido. En él vieron la luz dos trabajos fundamentales del ilustre hombre de ciencia: Estado de la geografía del Virreinato de Santa Fe de Bogotá, con relación a la economía y al comercio y Del influjo del clima sobre los seres organizados.

En sus famosas Cartas se advierte la influencia de Rousseau, de Feijoo y de Jovellanos, y en toda su obra, una tendencia europeizante y un esfuerzo titánico por incorporar a América la tradición cultural europea. En su labor al frente del Diario Político, órgano de la lucha por la independencia, en su artículo necrológico sobre Mutis, en sus informes y hasta en sus estudios botánicos, hay una indudable calidad literaria, producto del instinto artístico de este extraordinario hombre de ciencia neogranadino.

Del influjo del clima sobre los seres organizados

Publicada en 1808 en los números del 22 al 30 del Semanario del Nuevo Reino de Granada, esta obra sitúa a Caldas en un término medio en las discusiones sobre este tema. Caldas no llega a suscribir las tesis extremistas de quienes atribuyen a tales factores (clima y alimentación) un decisivo influjo en la conformación psíquica del hombre, ni tampoco las no menos exageradas de quienes niegan a los mismos factores naturales cualquier tipo de influencia sobre el alma humana.

Comienza por definir lo que él entiende por clima, influjo de los alimentos y constitución física del hombre, para concluir que el cuerpo humano está sujeto a todas las leyes de la materia y que, cuando su parte material sufre alguna alteración, su espíritu participa de ella. Examina luego todos los elementos que, en su concepto, constituyen el clima físico, señalando la forzosa influencia que cada uno de ellos debe ejercer en el hombre y en los animales, y demostrando en seguida, mediante múltiples ejemplos, que la ejercen. Con sorprendente clarividencia, Caldas intuyó en este tratado no pocos de los temas y problemas que la ciencia actual comprende, estudia y analiza bajo el nombre de geopsicología.

Estado de la geografía del Virreinato de Santa Fe de Bogotá, con relación a la economía y al comercio

Más allá de sus actividades científicas y eruditas, las ideas de Francisco José de Caldas sobre política, economía e historia nos han llegado particularmente a través de esta obra, publicada por primera vez en 1808 en los números del 1 al 7 del Semanario del Nuevo Reino de Granada.

En este estudio describe Caldas, a grandes trazos, el cuadro geográfico del Nuevo Reino de Granada (hoy República de Colombia), precisando sus límites, sus costas, su sistema montañoso, sus ríos, valles y planicies. Considerando al país como "esquina oceánica", expresa en cifras la extensión del litoral neogranadino en ambos mares y fija, además, su área territorial. Indica luego la altura sobre el nivel del mar, el clima, la flora, la calidad del suelo, las condiciones atmosféricas y los fenómenos meteorológicos de las muy distintas y variadas regiones que integran el territorio colombiano.

Caldas analiza las ventajas implícitas en la posición geográfica del país, en orden a sus relaciones con los demás pueblos del orbe, como también sus vías de comunicación, fluviales y terrestres, en cuanto al tráfico interior. Da luego el autor una idea sucinta de las riquezas minerales y productos vegetales del Nuevo Reino, de su fauna marítima y terrestre y de las razas humanas que en él viven, agrupadas o diseminadas. En estilo de elegante concisión, que a veces hace vibrar la cuerda lírica, describe el maravilloso espectáculo de la erupción de un volcán, la fragorosa majestad de una tempestad en los Andes o los horrores de un cataclismo en las cercanías de la línea equinoccial.

Dotado de un prodigioso don de observación, el científico payanés nos muestra el contraste de la belleza del paisaje nativo y de la riqueza de sus recursos naturales con la miseria y atraso de los habitantes, reclamando la atención hacia sus necesidades y hacia planes de posible realización en todos los órdenes de la vida del país colombiano, desde la cultura hasta la economía y el comercio.

Con su prosa elocuente y una profunda severidad científica, Caldas llega a la conclusión de que, al cabo de trescientos años, ni los gobernantes ni las minorías intelectuales del Nuevo Reino de Granada se han dado cabal cuenta de las ingentes posibilidades naturales, físicas, económicas, sociales, geográficas, históricas y culturales que esta porción del mundo atesora, y que deben orientarse, con exacto sentido realista, hacia el bienestar espiritual y material de sus habitantes y convertirse en fecundas realidades y en obras de interés, no sólo regional, sino también de trascendencia continental y universal.