Benito Jerónimo Feijoo

(Fray Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro; Casdemiro, 1676 - Oviedo, 1764) Erudito español. Fue uno de los espíritus más universales de su tiempo, exponente del racionalismo ilustrado. Ingresó en la orden benedictina en San Julián de Samos (1688) y se doctoró en el convento de San Vicente de Oviedo, del que fue abad (1721-1729). Fue maestre general de su orden y Fernando VI le nombró miembro del Consejo de Castilla. A partir de 1726 inició la publicación de sus dos grandes obras enciclopédicas: Teatro crítico universal (9 volúmenes; 1726-1740) y Cartas eruditas y curiosas (5 volúmenes; 1742-1760). Sus escritos, que tratan de los temas más dispares y recogen y comentan toda novedad científica y técnica, motivaron críticas y defensas que conmovieron el mundo cultural español. El propio autor escribió dos autodefensas, tras lo cual el rey prohibió en una pragmática que sus obras fuesen impugnadas. Llegó a ser conocido en toda Europa. Literariamente, fue un defensor del teatro clásico español contra el neoclasicismo y un teórico del prerromanticismo.


Benito Jerónimo Feijoo

El espíritu crítico y racionalista de Fray Benito Jerónimo Feijoo abrió las puertas al pensamiento ilustrado en España. Perteneciente a una familia noble gallega, estudió en Salamanca y en 1688 ingresó en el convento benedictino de San Julián de Samos. Desde los treinta años residió en Oviedo, en cuya universidad ejerció como catedrático de teología. Escribió toda su obra en su celda del monasterio de San Vicente de Oviedo, del que fue abad, y mantuvo una copiosa correspondencia con las figuras más destacadas de la cultura europea y española de su tiempo.

Tras aparecer su primer ensayo, titulado Aprobación apologética del escepticismo médico (1725), Felipe V le ofreció un obispado en América, que Feijoo rechazó. Poco después se inició la publicación de los nueve volúmenes de su Teatro crítico universal (1726-1740), y posteriormente de los cinco libros de Cartas eruditas y curiosas (1742-1760). En estas obras se concentra el grueso de su vasta producción, constituido por una larga serie de disertaciones sobre las más diversas materias: medicina, matemáticas, física, astronomía, geografía, historia, filosofía, teología, moral, literatura y lingüística.

Fruto de una insaciable curiosidad enciclopédica, los ensayos del Padre Feijoo están inspirados por un agudo sentido crítico y tratan de desterrar las ideas erróneas y supersticiosas, en la línea del pensamiento ilustrado. Guiado exclusivamente por la razón y la experiencia, Benito Jerónimo Feijoo critica la credulidad del vulgo y el clero y el espíritu rutinario de los hombres de ciencia. Asimismo recomienda la lectura de libros extranjeros para combatir el retraso intelectual de España, consecuencia de su aislamiento político y de la afición de los seudosabios por las estériles discusiones abstractas.

Además de impugnar los valores tradicionales, se rebela contra los dogmas científicos y el principio de autoridad basado en los textos antiguos, que en ocasiones impide la observación personal y la libertad de juicio. El principal valor de Feijoo no consiste en haber creado un sistema filosófico, sino en su capacidad para transmitir nuevas ideas empleando un lenguaje sencillo y coloquial acorde con su intención divulgadora, carente de artificios retóricos y opuesto a la prosa barroquizante vigente hasta entonces.

Considerado el primer ensayista hispánico contemporáneo, su obra fue ampliamente difundida y suscitó vivas controversias, en las que participaron numerosos científicos y hombres de letras. Entre sus detractores, los de mayor renombre fueron Fray Jacinto Segura y Diego de Torres y Villarroel. La campaña contra el benedictino fue tan virulenta que Fernando VI llegó a prohibir en 1750 que se impugnaran sus doctrinas. Si bien no fue un pensador profundo ni un investigador en sentido riguroso, su tarea vulgarizadora contribuyó notablemente a elevar el nivel cultural de la época.