Benjamin Disraeli

Político inglés (Londres, 1804-1881). Nacido en una familia judía sefardí, pertenecía a la primera generación bautizada por la Iglesia de Inglaterra (en 1817). Tras hacerse abogado, se dedicó a la literatura desde 1824. Su juventud fue una sucesión de fracasos: perdió todo el dinero que invirtió en la Bolsa, no consiguió sacar adelante el periódico que fundó y perdió cinco elecciones parlamentarias. Cuando por fin entró en la Cámara de los Comunes gracias a su incondicional apoyo al jefe de los conservadores -Robert Peel-, los diputados recibieron entre risas su primer y extravagante discurso (1837).


Benjamin Disraeli

En 1842-46 encabezó una rebelión del ala derecha del partido contra el librecambismo de Peel, que derribó a éste del gobierno; con ello, sin embargo, no consiguió más que debilitar a su partido, que hubo de pasar a la oposición. En 1848 fue designado líder de los conservadores en los Comunes, pero siguió acumulando fracasos electorales, apenas compensados por sus éxitos como escritor. Muchas de sus novelas contenían críticas a la política de su tiempo -como Vivian Grey (1825-27) o Lothair (1870)- o consideraciones histórico-filosóficas que sustentaban su posición política -como Coningsby (1844), Sybil (1845) o Tancred (1847)-.

Sirvió dos veces como ministro de Hacienda hasta que la reina Victoria I le nombró primer ministro en 1867-68. La principal realización de ese periodo de gobierno fue la reforma de 1867, que extendió el derecho de voto hasta doblar el cuerpo electoral; con ello suministró una base de votantes populares a su proyecto político de «democracia tory», que consistía en transformar el viejo partido aristocrático conservador en un partido «nacional» capaz de anudar la alianza entre un fuerte poder monárquico y un electorado trabajador.

Durante la década de los setenta la política británica estuvo marcada por el enfrentamiento entre Disraeli y el líder de los liberales, William Gladstone, cuya política atacó aquél desde la oposición (especialmente en lo tocante a Irlanda y a las colonias). Cuando accedió a un segundo mandato como primer ministro (1874-80), puso en marcha el ambicioso programa imperialista que había anunciado en su discurso del Crystal Palace (1872): anexión de las islas Fidji (1874), adquisición de las acciones egipcias que otorgarían a Gran Bretaña el control del canal de Suez (1875), coronación de la reina Victoria como emperatriz de la India (1876) y guerras coloniales en Afganistán y Sudáfrica (tanto contra los zulúes como, tras la anexión del Transvaal en 1877, contra los bóers). Su agresividad en política exterior le permitió frenar el expansionismo ruso defendiendo al Imperio Otomano (al que hizo pagar su apoyo en 1878 con la entrega de Chipre). En 1880 perdió las elecciones y al año siguiente murió de una bronquitis.