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Tomás Frías

(Potosí, 1804-Florencia, 1884) Político boliviano que fue en dos ocasiones presidente de la República (1872-1873; 1874-1876). Le tocó asumir la máxima responsabilidad del estado tras una sucesión de gobiernos dictatoriales. En su empeño por dar credibilidad a su cargo y a la vida política en general, la conducta pública del presidente Tomás Frías aún constituye para los bolivianos un ejemplo de austeridad, legalidad y decencia.

Hijo de José María Frías y Alejandra Ametller, nació en el seno de una acomodada familia de ascendencia española. Abogado de profesión, dedicó su vida a la actividad política, en la que su primera responsabilidad fue el desempeño de la secretaría privada de la presidencia, durante el mandato presidencial de Antonio José de Sucre (1826-1828). A lo largo de su carrera sería diputado, ministro de Hacienda, Consejero de Estado, diplomático y presidente del Congreso de la Nación.


Tomás Frías

En 1832 fue enviado a París como secretario de la embajada de su país en Francia. De regreso a Bolivia fue elegido diputado en varias legislaturas. Entre 1843 y 1847 fue ministro de Instrucción Pública, Relaciones Exteriores y Hacienda bajo la presidencia de José Ballivián (1841-1847). El nuevo Gobierno del doctor José María Linares (1857-1861) lo nombró ministro plenipotenciario en Chile, cargo en el que permaneció hasta 1862, cuando regresó a Bolivia para volcarse por entero en la política nacional.

Durante el siguiente período, Frías se enfrentó con dureza a los gobiernos dictatoriales de José María de Achá (1861-1864) y Mariano Melgarejo (1864-1871), sobre todo al de éste último, quien llevó a cabo una política favorable a las grandes oligarquías terratenientes y mineras del país y despojó de sus tierras a los indígenas a golpe de decretos de escandalosa arbitrariedad. Sus enfrentamientos con los poderes dictatoriales lo obligaron a exiliarse hasta que fue posible su regreso a Bolivia, una vez derrocado el régimen de Melgarejo a principios de 1871 por una revolución en la que tomó parte activa la población campesina, tanto indígena como criolla.

Tomás Frías fue nombrado presidente de la Asamblea Constituyente de 1871, y después presidente del Consejo de Estado. Tras el asesinato en noviembre de 1872 del general Agustín Morales, y en su condición de presidente del Consejo de Estado creado por el Congreso Nacional, le correspondió a Tomás Frías asumir la presidencia interina de la República, cargo que aceptó, dejando claro desde el primer momento que sólo lo ocuparía durante el tiempo necesario para organizar un proceso electoral. Durante su gestión de gobierno, tras poner orden en los asuntos públicos, convocó las elecciones que dieron el triunfo a Adolfo Ballivián (1873-1874), hijo del también presidente José Ballivián. Luego, regresó a su cargo de presidente del Consejo de Estado.

Cuando Adolfo Ballivián falleció en febrero de 1874, Tomás Frías volvió a ocupar la presidencia por un período más prolongado, desde enero de 1874 hasta mayo de 1876. El país vivía uno de sus momentos más difíciles a causa de la presión chilena por cuestiones limítrofes y por las conspiraciones internas que buscaban subvertir el orden constitucional. Frías no tuvo más remedio que dirimir una cruenta lucha debido a la oposición de varias provincias a su decreto sobre la administración de las rentas municipales, sofocando diversas sublevaciones y dos motines (Cochabamba y La Paz).

En un desesperado e inútil intento por atraerse a los principales miembros de la oposición armada, Tomás Frías nombró ministro de Guerra al cabecilla principal, el general Hilarión Daza, quien finalmente llevó a cabo un golpe de Estado el 4 de mayo de 1876 que acabó con la presidencia de Tomás Frías y sustituyó a éste al frente de la República, lo cual inauguraba un período político inestable y más duro, si cabe, que los anteriores.

Este hecho produjo un gran desencanto en un hombre que había dedicado toda su vida a las responsabilidades públicas. Frías decidió alejarse de Bolivia y marchó a Europa, donde sirvió al país como encargado de negocios en Francia durante los difíciles años de la Guerra del Pacífico, demostrando de esa manera un patriotismo y una honestidad por encima de sus propios intereses, lo que le valió ser llamado por sus compatriotas "el Washington boliviano". Los últimos días de su vida los pasó en la ciudad italiana de Florencia, donde murió en la pobreza en la primavera de 1884, poco después de que se firmara con España el primer tratado bilateral entre ambos países.

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