György Lukács

(György o Georg Lukács; Budapest, 1885- id., 1971) Filósofo y político húngaro. Considerado uno de los más brillantes pensadores marxistas, tuvo una activa vida política. De familia burguesa, se doctoró en filosofía en 1906 y residió en Berlín y en Heidelberg de 1909 a 1914, donde fue influido por Simmel y por Weber y donde trabó amistad con Bloch. De nuevo en Budapest (1914), ingresó en el Partido Comunista de Hungría (1918) y fue comisario de educación con Béla Kun. Tras la caída de Kun emigró a Viena, Berlín y la Unión Soviética (1933-1945). En 1956, su oposición al estalinismo y su participación en la revuelta húngara lo llevaron primero al ministerio de cultura del gobierno de Nagy, y, tras la invasión soviética, al destierro a Rumania, aunque regresó en 1957.


György Lukács

Lukács fue una de las figuras más representativas y complejas de la cultura contemporánea. Los trabajos de Lukács se centraron por un lado en el campo de la teoría literaria, sobre todo en la novela, donde realizó importantes aportaciones al análisis estético. A su vez, evolucionando desde el idealismo hegeliano al marxismo, Lukács criticó el neopositivismo y el existencialismo por inoperantes. Su obra, escrita en húngaro y alemán, incluye libros tan significativos para la estética como su Teoría de la novela, o en lo que respecta al pensamiento marxista, su Historia y conciencia de clases.

Sus estudios estuvieron siempre estrechamente relacionados con su actividad política, como lo demuestra la publicación de su obra teórica fundamental, Historia y conciencia de clase (1923), que fue condenada públicamente y más tarde repudiada por el propio autor. Proporcionó a la corriente del marxismo occidental una summa filosófica decisiva, claramente opuesta a las tesis positivistas de la Segunda Internacional y a las de la Tercera Internacional, además de rechazar las tendencias cientificistas y dogmáticas nacidas en el seno del marxismo. El redescubrimiento de esta obra, a través de una traducción francesa publicada en la década de 1960, tuvo una gran importancia para el debate cultural europeo e internacional.

En 1932 publicó los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 y, en 1956, los materiales preparatorios del Capital (los llamados Grundrisse o Lineamenti), en los que contemplaba el tema de la alienación y la relación de continuidad entre Hegel y Marx: el autor realizó una relectura de los temas de fondo de la obra de Marx, posicionándose contra la ampliación de la dialéctica a ley natural formulada por Engels, insistiendo en la centralidad del problema de la conciencia de clase como crítica frente a la alienación propia del capitalismo, y centrando el método dialéctico en la categoría de la totalidad que debe ser recuperada tanto en la praxis como en el propio sujeto.

El tema de la relación entre Hegel y Marx apareció también en sus obras posteriores: subrayó la deuda de Marx con el pensamiento dialéctico y el método hegeliano, evidentes sobre todo en las obras de juventud, a las que dedicó otro importante trabajo filosófico (El joven Hegel, 1948) en el que analizó la formación del pensamiento dialéctico en relación con el interés de Hegel por la economía y el análisis central del "trabajo" como objetivación teleológica del hombre (concepto desarrollado también por el Hegel maduro).

La obra de György Lukács se divide en tres fases, que corresponden a la formación intelectual y al desarrollo de la postura política. La primera fase, llamada premarxista, llega hasta Historia y conciencia de clase, es decir, hasta el estudio profundo de Marx, posterior a 1915, en contacto con las revoluciones soviética y húngara: recibe en su formación filosófica la influencia de Kierkegaard (el autor trata la temática existencialista, lo que explica su influencia sobre Heidegger), de Hegel y de la filosofía alemana contemporánea: Weber, Simmel, Dilthey, Windelband y Rickert. En particular, la corriente del historicismo y el debate entre el método de las ciencias naturales y el de las humanísticas le proporcionaron puntos de referencia fundamentales para su posterior análisis del método dialéctico. Pertenecen a esta primera fase existencialista las obras El alma y las formas (1911) y Teoría de la novela (1915), precedidas por una serie de escritos, en forma dramática, sobre literatura y estética. En ambas obras el tema de fondo es la escisión entre el yo y el absoluto, entre el alma y la forma, condición típica de la vida moderna que la novela describe en su aspecto trágico.

Tras estallar la Primera Guerra Mundial, el autor se afilió al Partido Comunista Húngaro, y en 1919 participó activamente en la República soviética de Béla Kun. Más tarde se refugió en Viena y en Berlín, donde escribió, entre 1919 y 1922, Historia y conciencia de clase (cuyo núcleo central es el ensayo "La cosificación y la conciencia del proletariado") y otras dos obras, Lukács sobre Lenin (1924) y Mosed Hess (1926). En 1924 la Internacional comunista, a través de Zinoviev, condenó la obra Historia y conciencia de clase, acusándola de idealismo y de revisionismo. Esta segunda fase termina con el reconocimiento, por parte del autor (por ejemplo en la autocrítica pronunciada en 1929, después de la expulsión del Partido Comunista Húngaro), de la necesidad de no quedar apartado de la lucha política, sobre todo en un momento en el que planeaba sobre Europa una amenaza de derechas.

A partir de este momento empieza la tercera fase de su pensamiento, mucho más cercana y a veces incluso coincidente con la postura del marxismo oficial, en especial durante el período estalinista. Por una parte pertenecen a este período las obras filosóficas como El joven Hegel, que sin embargo desarrolla sus temas iniciales, y por otra parte ensayos como El asalto a la razón (1954) y otras obras menores, de crítica radical a la totalidad de la cultura filosófica occidental moderna, acusada de irracionalismo y opuesta a la línea única del materialismo marxista. En todas ellas emerge, a nivel filosófico, el aspecto más reduccionista y escolástico del autor. Posteriormente se interesó por la ontología, es decir, por el estudio del marxismo como ciencia de los principios de las realidades (orgánica, inorgánica y social), y desarrolló una monumental obra sobre la "ontología del ser social". Esta tercera fase abarca su prolongado período de estudios en Moscú (a partir de 1933) y el regreso a Hungría, después de la Segunda Guerra Mundial, donde aceptó, a partir de 1956, varios cargos políticos y culturales de primer orden. En este período desarrolló principalmente sus primitivos intereses sobre el fenómeno artístico y la historia de la estética.

Entre su abundante producción ensayística sobre temas estéticos cabe citar Materiales sobre el realismo (1948), K. Marx y F. Engels como historiadores de la literatura (1948), Contribuciones a la historia de la estética (1954), Goethe y su época (1947), Thomas Mann (1949), Balzac y el realismo francés (1953) y sus grandes obras teóricas: la antología de ensayos Prolegómenos a una estética marxista (1957) y los dos volúmenes monográficos sobre estética: Estética I: Cuestiones preliminares y de principio; Estética II: Problemas de la mímesis (1964). En conjunto, el autor estableció las bases de una estética marxista basada en la teoría del realismo, entendiendo por realismo en el arte no el reflejo naturalista de la vida cotidiana (con lo cual se distancia del realismo socialista de Zdanov), ni un planteamiento global encaminado a descubrir las leyes, como es el caso de la ciencia, sino que trataría de desarrollar una intuición sensible de lo "particular" que permitiera conocer el "elemento típico" y característico de su contexto histórico y social.

Este realismo, ejemplificado sobre todo en la novelística del siglo XIX, de Balzac, de Tolstoi y posteriormente de Thomas Mann, se diferencia del realismo corriente y recupera la categoría de totalidad mediante lo particular y lo típico. Por lo tanto, el artista es el que sabe restituir la totalidad significativa de un momento histórico a través de unas vicisitudes concretas, y la novela es la forma de arte que se adapta mejor a esta finalidad. Ello se da incluso a pesar de la postura política consciente del autor, como en el caso de Balzac y de Tolstoi. Este planteamiento, no exento de contradicciones internas, provocó una serie de críticas al autor, sobre todo por su incapacidad de valorar las grandes obras de arte "subjetivas" del siglo XX, como las de Kafka, Proust y Joyce, que se encuentran fuera del ámbito del realismo.