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Carlos Mejía Godoy

(Somoto, Madriz, 1943) Compositor, instrumentista y cantante nicaragüense en cuyas canciones ha estado presente siempre un fuerte compromiso social y político. Carlos Mejía Godoy creció en una familia de músicos y artistas arraigados en el folclore y la cultura tradicional y se inició pronto en el mundo de la música popular. En aquella Nicaragua sumida en la pobreza, exprimida desde la década de los años treinta por el clan Somoza, el futuro compositor supo desde joven al lado de quién debía estar su música, y se involucró activamente en el proceso revolucionario que acabaría con la dictadura de Anastasio Somoza.


Carlos Mejía Godoy

A inicios de los 1970 irrumpió en el corazón de los nicaragüenses con un canto inspirado en las alegrías, penas y esperanzas de los humildes. A lo largo de esa década plasmaría su apoyo a los débiles en extraordinarias composiciones, fieles retratos de la vida de su patria. Derrochando picardía y buen humor, recurrió al habla popular para celebrar personajes en canciones como Chinto Jiñocuago, el campesino cuyas cicatrices hablan de la violencia del mundo rural; Panchito Escombros, obrero sobreviviente del terremoto de Managua; María de los Guardias y La Tula Cuecho, mujeres audaces y pintorescas que se valen de su ingenio para salir adelante en un mundo machista y hostil; o Quincho Barrilete, pequeño lustrabotas, héroe infantil de la guerra de liberación.

Siempre en tono de denuncia, a veces con una fina ironía, este período de su carrera produjo otras muchas extraordinarias canciones: Nicaragua, Nicaragüita (versionada incluso por Billy Bragg), Las campesinas del Cuá, La tumba del guerrillero, Señor Juez de Mesta o Clodomiro el Ñajo. Muchos de estos temas le darían tiempo después reconocimiento internacional en países como España, Costa Rica, México e incluso en los Estados Unidos. A mediados de los 70, Mejía Godoy estuvo trabajando en el Taller de Música Popular de Solentiname, una comunidad cristiana situada en el lago Nicaragua. Fue entonces cuando, con el apoyo del poeta Ernesto Cardenal y los campesinos de la comunidad, escribió una de sus obras más conmovedoras: La Misa Campesina (1975), en la que fundió la liturgia cristiana, el lenguaje misquito (propio de los indígenas más numerosos de la parte atlántica del país) y la música tradicional. El tema Cristo de Palacagüina, incluido en este álbum, fue muy popular en España en la voz de la cubana de nacimiento Elsa Baeza.

Por su colaboración con las fuerzas clandestinas de la izquierda, Mejía Godoy hubo de abandonar Nicaragua y recaló en España, donde acababa de fallecer el general Franco. Su primera colaboración musical en España fue la canción María de los Guardias (incluida en el álbum de Massiel Carabina 30-30), un soberbio tema que vio la luz en 1976. En 1977 su tema Quincho Barrilete, interpretado en esa ocasión por Eduardo González, resultó vencedor en el festival de la OTI.

Los éxitos de Carlos Mejía Godoy como compositor se sucedían con rapidez; era el momento oportuno para retomar su faceta de intérprete con el grupo que había formado ya en Nicaragua, conocido con el nombre artístico de Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina. El sello CBS Records los fichó de inmediato y se editó un primer sencillo titulado Son tus perjúmenes, mujer, canción de extraordinario éxito que arrasó en las listas de ventas españolas. A este primer gran éxito se sumaron otros como el ya citado Clodomiro el Ñajo y una versión más pop de su Misa Campesina que grabó acompañado de grandes voces de la música del momento, como Víctor Manuel y Ana Belén, Sergio y Estíbaliz, Laredo, Elsa Baeza y un joven Miguel Bosé.

Cuando estalló la revolución nicaragüense en el verano de 1979, Carlos Mejía Godoy, pese a gozar de gran popularidad en España, cogió la maleta y volvió a su país para estar al lado de su gente, que tanta ayuda iba a necesitar a partir de ese momento. El canto de Mejía Godoy reflejó y a la vez movilizó el ímpetu liberador que puso fin a 43 años de dictadura. Durante mucho tiempo se involucró en el desarrollo social y político de su país, arruinado tras la marcha de los Somoza y el estallido de la revolución popular. La ya difícil situación de los últimos años de la década de 1970 fue agravada además por un devastador terremoto. Carlos Mejía Godoy, junto con sus hermanos (entre ellos Luis Enrique, otro gran cantautor nicaragüense) y otras personalidades nacionales, crearon la Fundación Mejía Godoy, organización civil dedicada a solventar problemas sociales y a contribuir al desarrollo cultural y humano del país.

Desde esa misma fundación, ya a finales de los años noventa, Luis Enrique y Carlos compusieron una canción para la lucha contra el SIDA y en solidaridad con los afectados por la enfermedad. Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina siguieron actuando con asiduidad en multitud de países, aunque su actividad discográfica internacional se redujo. A comienzos de los noventa editaron Azúcar y Pimienta, álbum que consiguió cierta difusión internacional. No obstante, en el mercado nicaragüense han ido apareciendo algunos registros de Carlos con o sin su grupo. Uno de los más destacados es Los Cantos de Cifar, con letras del poeta nicaragüense Pablo Antonio Cuadra.

Carlos Mejía Godoy ha trascendido todas las fronteras del arte y ha recorrido un largo camino hasta convertirse en un polifacético personaje popular. Este incansable creador ha conjugado en su carrera diversas facetas artísticas como la literatura, la danza y la pintura, además de la música. Desde hace muchos años, Carlos y Luis Enrique son propietarios de La Casa de Mejía Godoy, un café de artistas situado en Managua, la capital del país. Allí muchas noches se puede escuchar Nicaragua, Nicaragüita en la voz de su propio creador, en actuaciones interminables repletas de humor, alegría y música que se alargan a veces durante más de tres horas. Al lado de sus tres inseparables compañeros, los de Palacagüina, Carlos Mejía actúa en La Casa Mejía Godoy siempre que sus compromisos artísticos se lo permiten. Gracias a su inagotable creatividad, Carlos Mejía Godoy continúa forjando un sentido de identidad nacional inspirado en la música popular.

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