Mariano Rajoy

(Mariano Rajoy Brey; Santiago de Compostela, 1955) Político español, líder del Partido Popular y presidente del gobierno de España desde diciembre de 2011.

Mariano Rajoy pasó su infancia y adolescencia en tierras gallegas y leonesas. Recibió su primera enseñanza en el Colegio Discípulas de Jesús de León; pasó luego al Colegio Sagrado Corazón de los Jesuitas de la capital leonesa, donde empezó a cursar el bachillerato, que terminó en un instituto público de Pontevedra. Buen estudiante, meticuloso y con buen humor, no tuvo ningún problema para superar todos los cursos hasta que decidió estudiar derecho en la universidad de su ciudad natal. Se licenció en 1977, y al año siguiente aprobó con el número diez de su promoción las oposiciones de registrador de la propiedad, puesto que ejerció en la localidad leonesa de Villafranca del Bierzo los dos años siguientes.


Mariano Rajoy

Inició su carrera política en 1981, año en el que fue elegido diputado por Alianza Popular (AP) en las primeras elecciones autonómicas, celebradas el 20 de octubre. En 1983 fue elegido concejal del Ayuntamiento de Pontevedra, y el 11 de junio de 1986 fue designado presidente de la Diputación de Pontevedra.

En las elecciones generales de 1986 resultó elegido diputado nacional por la lista de Pontevedra, aunque renunció a su escaño en las Cortes Generales para ocupar la vicepresidencia de la Xunta de Galicia, puesto en el que se mantuvo hasta septiembre de 1987. Por la circunscripción de Pontevedra ha sido sucesivamente reelegido en todas las elecciones generales celebradas desde entonces.

Aunque procedía de la antigua Alianza Popular (AP), su talante pragmático y abierto le permitió evolucionar sin ninguna dificultad cuando el Partido Popular (PP) decidió iniciar el largo «viaje hacia el centro» del espectro político español, que él mismo contribuyó a diseñar.

En el IX Congreso del Partido Popular (PP), celebrado en enero de 1989, fue elegido vocal dentro de la Ejecutiva Nacional del partido, y en el congreso siguiente (junio de 1990), fue designado vicesecretario general de organización, a instancias del líder del partido, José María Aznar, lo que supuso toda una sorpresa para los dirigentes considerados como «pesos pesados» dentro de la organización. Rajoy sustituyó a Arturo Moreno, que causó baja en el partido por su presunta implicación en el «caso Naseiro», relacionado con la financiación irregular del PP.

En 1992 fue una pieza fundamental en el engranaje del PP al convertirse en el dirigente popular que llevó el peso del diálogo que dio como resultado la firma de los pactos autonómicos entre el gobierno de Felipe González y el entonces líder de la oposición, José María Aznar. Fue el único documento que firmaron ambos dirigentes, lo que supuso para el en aquel momento «número tres» del PP granjearse el respeto del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) como hábil y astuto negociador político.

En 1996, a los cuarenta y un años de edad, Mariano Rajoy contrajo matrimonio después de una larga soltería, lo que le había granjeado el apodo de «el soltero de oro» en las filas populares. La ceremonia, que se celebró en la localidad de La Toja (Pontevedra), fue discreta y corrió a cargo de un cura anarquista, amigo de uno de los hermanos del contrayente. La esposa de Rajoy, Elvira Fernández Balboa, trabajaba en el departamento de control del presupuesto en la cadena de televisión privada Antena 3 TV. Ambos se conocieron en 1993 cuando veraneaban en la localidad de Sanxenxo, en la costa gallega. Son padres de un hijo.

El PP llega al poder

En marzo de 1996, el PP alcanzó el poder después de trece años de gobierno socialista. El recién investido presidente del gobierno, José María Aznar, llamó a Rajoy para hacerse cargo de uno de los ministerios más complicados, el de Administraciones Públicas. Al frente del mismo, Rajoy tuvo que gestionar los pactos con los nacionalistas del Partido Nacionalista Vasco (PNV) y de Convergència i Unió (CiU) y negociar todos los traspasos de competencias que Aznar se comprometió a ceder al País Vasco y a Cataluña a cambio del apoyo parlamentario de estas formaciones al recién estrenado gobierno.

Cuando concluyó el proceso de transferencias competenciales a los nacionalistas firmado en el pacto de investidura, en 1997, los líderes nacionalistas Xabier Arzalluz y Jordi Pujol solicitaron nuevas concesiones del gobierno central. Rajoy se plantó de una manera firme y se negó a tramitar nuevas concesiones hasta una próxima legislatura, en caso de que se produjera la segunda victoria electoral del PP en unas elecciones generales.

Las críticas de los nacionalistas contra su gestión arreciaron, pero Rajoy se mantuvo inamovible en sus posiciones, que defendió con ahínco, lo que también le sirvió para ganarse el respeto del presidente de la Generalitat de Catalunya, Jordi Pujol, a pesar de las diferencias políticas. No consiguió lo mismo con el PNV, un coto reservado para el vicepresidente primero del gobierno, Francisco Álvarez-Cascos, aunque entabló buenas relaciones con el entonces vicelehendakari, Juan José Ibarretxe, cuyas visitas al despacho de Rajoy en Castellana, 3, sede de su ministerio, no concluyeron con la cesión de las cuotas de formación del Instituto Nacional de Empleo (INEM) que reclamaba con insistencia el gobierno vasco.

En el terreno de la política autonómica, Rajoy se movía como pez en el agua. No en vano su abuelo, Enrique Rajoy Leloup, fue uno de los políticos encargados de redactar el Estatuto de Autonomía gallego durante la Segunda República.

Su condición de político «todoterreno» llevó al presidente Aznar a nombrarle nuevo ministro de Educación, Cultura y Deportes, en la remodelación de gabinete que tuvo lugar el 18 de enero de 1999, en sustitución de Esperanza Aguirre, que haría historia en la joven democracia española al ser designada como la primera presidenta del Senado. Rajoy aceptó el reto que suponía finalizar la configuración del Plan de Humanidades y la búsqueda del mayor consenso posible en la modificación de la Ley de Reforma Universitaria (LRU).

La presencia de Rajoy al frente de su nueva responsabilidad supuso un balón de oxígeno para la comunidad educativa (que se quejaba del estancamiento de las negociaciones sobre los problemas pendientes por el carácter poco dialogante que achacaban a su antecesora en el cargo), y la agilización del proceso de transferencias a las comunidades autónomas de las competencias en materia de educación: Madrid, Murcia y Castilla-La Mancha asumieron esta responsabilidad en el espacio de pocos meses.

Durante su mandato se terminó de implantar la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) en el territorio nacional, y en la inauguración del curso escolar 1999-2000 anunció una reforma en profundidad de la Ley de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) -una ley aprobada por el gobierno socialista que nunca terminó de gustar al PP- y, a través de la Ley de Acompañamiento de los Presupuestos Generales del Estado, modificó las normas para el acceso al título superior de la Formación Profesional, lo que levantó una encendida polémica con el Grupo Socialista.

Además, se enfrentó a otro de los problemas pendientes en el ámbito educativo, la reforma de la siempre polémica selectividad, que adquirió un carácter más favorable para los alumnos, dado que se estableció una mayor importancia para el expediente académico del bachillerato y se dio más peso a las asignaturas optativas relacionadas con las opciones elegidas por los estudiantes. En otros aspectos, potenció la política de becas y apostó por crear en España un distrito único universitario, una vieja aspiración de los rectores.

El vicepresidente primero

Tras las elecciones generales de 2000, en las que el PP obtuvo la mayoría absoluta, Rajoy dio un importante paso en su carrera política. Nombrado vicepresidente primero y ministro de la Presidencia, se erigió en uno de los políticos más cercanos al presidente del gobierno.

El hecho de que en febrero de 2001 abandonase Presidencia para asumir el delicado cargo de ministro de Interior, en sustitución de Jaime Mayor Oreja, ponía de manifiesto la confianza que Aznar tenía depositada en él. Al frente de Interior, Rajoy coordinó la lucha contra el terrorismo y afrontó la cuestión de la inmigración, dos de los asuntos que más preocupaban a los españoles.

Tras la remodelación del gabinete en julio de 2002, Rajoy asumió una vez más la cartera de Presidencia, siempre sin abandonar el cargo de vicepresidente primero del gobierno. Para entonces, se le consideraba uno de los candidatos más firmes para suceder a Aznar como cabeza de lista del PP en las próximas elecciones generales.

Sin embargo, el hundimiento del petrolero Prestige, en noviembre de 2002, supuso un grave traspiés en su carrera hacia la presidencia del gobierno. Rajoy se encargó de coordinar las acciones para afrontar las consecuencias de la marea negra provocada por las más de 50.000 toneladas de fuel vertidas por el barco frente a las costas de Galicia. Así, la lentitud y la desorganización con las que las autoridades reaccionaron ante la catástrofe y la precariedad de medios empleados para paliarla desacreditaron al gabinete de Aznar. A pesar de multiplicar sus apariciones públicas y de viajar en numerosas ocasiones a Galicia, Rajoy vio cómo su popularidad caía en picado.

De virtual presidente a líder de la oposición

El apoyo del gobierno de Aznar a la invasión de Iraq en el 2003, pese a la oposición de la gran mayoría de los españoles, fue minando las confianza ciudadana en el PP, aunque no parecían peligrar sus expectativas electorales. Se acercaban las elecciones del 2004, y Aznar había declarado reiteradamente que no se presentaría como candidato para un tercer mandato. La rumorología sobre la sucesión de Aznar citaba a menudo a Rajoy como heredero probable pero no tan bien situado como el ministro de economía, Rodrigo Rato. Finalmente, sin embargo, saltó la sorpresa: Rajoy fue elegido secretario general del PP y candidato a la presidencia en agosto de 2003.

Comenzaba con ello la carrera hacia las elecciones generales de marzo de 2004. Las encuestas daban como ganador al PP, con o sin mayoría absoluta, pero los brutales atentados del 11 de marzo del 2004 en Madrid, que causaron doscientas víctimas, dieron un vuelco a la situación. El gobierno del PP fue acusado de ocultar datos para presentar a ETA como responsable de los atentados, cuando todos los indicios apuntaban a un atentado perpetrado por Al-Qaeda como respuesta a la activa participación española en la guerra de Iraq. Desde el gobierno se acusó a los socialistas de promover manifestaciones antidemocráticas contra los populares ante las sedes del partido durante la jornada de reflexión.

Las elecciones se saldaron con la victoria del PSOE, aunque sin mayoría absoluta, y la pérdida del gobierno para el PP. Mariano Rajoy, que apenas una semana antes de las elecciones parecía destinado a ser el próximo presidente español, fue adaptándose a su nuevo papel de líder de la oposición. Menos agresivo que su predecesor, mantuvo sin embargo una línea firme y su oferta de consensuar con los socialistas los grandes temas de estado, como la configuración autonómica o la lucha contra el terrorismo, sin llegar a acuerdos significativos.

Desde su responsabilidad como líder de la oposición criticó severamente las políticas del gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero en materia de relaciones exteriores (retirada de las tropas españolas de Irak), derechos civiles (matrimonio entre personas del mismo sexo), terrorismo (contactos entre ETA y el gobierno en 2006), educación y economía. Sin embargo, esta labor no cosechó los frutos esperados, puesto que los comicios generales de marzo de 2008 volvieron a ser favorables al PSOE.

La recesión económica global iniciada en 2008 situó bajo mínimos la aceptación pública del gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, que se mostró incapaz de contener el incremento desenfrenado del desempleo. Convocadas elecciones generales anticipadas para el 20 de noviembre de 2011, Rajoy basó su mensaje electoral en los buenos dígitos económicos obtenidos por los gobiernos de la era Aznar. El resultado de las urnas fue claro: el PP se impuso con el mejor resultado de su historia, una mayoría absoluta de 186 escaños en el Congreso y 136 en el Senado, frente a los 110 diputados y 48 senadores obtenidos por su más directo rival, el candidato socialista Alfredo Pérez Rubalcaba.