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Paul Rivet

(Wasigny, 1876-París, 1958) Etnólogo y americanista francés. Estudió Medicina en Lyon y, tras doctorarse en 1897, participó como médico en la misión geodésica francesa enviada al Ecuador al mando del general Bourgeois (1901-1906). Al finalizar la misión, permaneció en el país seis años más, estudiando las poblaciones de los altos valles andinos. A su regreso, el Musée National d'Histoire Naturelle lo contrató como ayudante de René Verneau (quien ocupaba la cátedra de Antropología del museo) para clasificar y estudiar los materiales que había traído consigo. Resultado de esa labor fue la Etnographie ancienne de l'Équateur (1912-1922), publicada junto con Verneau.


Paul Rivet

En 1928 fue nombrado catedrático de Antropología del museo; anteriormente había ocupado allí el cargo de subdirector del laboratorio de Antropología, colaborando en la creación del Institut d'Ethnologie de la Universidad de París (1926). Más tarde consiguió que una ala del nuevo Palais de Chaillot se destinara a alojar un museo etnográfico que él se encargó de transformar en el Musée de l'Homme, del cual fue el primer director.

Políticamente, fue un militante de la izquierda; en 1935 resultó elegido por el Frente Popular y participó en las dos asambleas constituyentes después de la Liberación. Durante la Segunda Guerra Mundial fue, por un tiempo, delegado cultural en México de la Francia Libre, tras haber fundado en Colombia el Instituto de Etnología (1942).

A Rivet se deben numerosos trabajos de lingüística, etnología y arqueología americanas. Algunas de sus obras destacadas son Sumérien et Océanien (1929) y Le Royaume d'Arda et son évangélisation au XVIIe siècle (1929), escrito en colaboración con el africanista H. Labouret. Sus investigaciones estuvieron presididas por el convencimiento de que la etnología, la lingüística y la antropología física eran realmente interdependientes, principio en el que sustentó el desarrollo de su tesis más importante, según la cual el poblamiento de América no había tenido lugar a expensas de grupos humanos procedentes únicamente de Asia, sino que se habían producido también corrientes migratorias desde Australia y Melanesia.

Los orígenes del hombre americano

Sus estudios sobre el poblamiento de América quedaron recogidos en una obra fundamental: Los orígenes del hombre americano, publicada al mismo tiempo en francés y en español en 1943. En este volumen, claro y conciso, Paul Rivet reunió los datos geológicos, etnológicos y lingüísticos que permitieron rechazar las hipótesis anteriormente formuladas y reconstruir con cierta verosimilitud las etapas del poblamiento del continente americano. Recordando, ante todo, que "sea cual sea la teoría que se sostenga, en sus emigraciones hacia América, el hombre siempre se encontró en presencia de condiciones geográficas comparables a las presentes", Rivet pasa a examinar los antiguos restos humanos que en la actualidad pueden fecharse de forma aproximada gracias al método del carbono radiactivo.


Poblamiento de América

Compartiendo en parte las ideas del científico americano Alesh Hrdlichka, considera que gran parte de la primitiva población de América procedía de Asia: "El hombre americano no es autóctono; llegado desde el viejo continente, comienza a aparecer en el Nuevo a finales del cuaternario, después de la retirada de los grandes glaciares; y sólo pudo alcanzarlo sirviéndose de los caminos de acceso que siguen existiendo, puesto que América, en aquella época lejana, ya tenía su perfil actual". Pero (y en esto estriba la originalidad de la tesis de Rivet) esta población se mezcló con aportaciones de otras procedencias.

De estas aportaciones, una procedía de Australia, probablemente a través del Antártico, puesto que se encuentran huellas de las mismas entre los habitantes de las islas Fidji, de donde al parecer partieron para alcanzar el extremo meridional del continente americano. Pero también existe en América un elemento melanesio cuya influencia en los hechos culturales y sociológicos es mucho más importante y se halla mucho más extendida en el espacio.

Finalmente, dos aportaciones documentadas siguen constituyendo un enigma: por un lado, un elemento blanco, y por otro, grupos de pigmeos. Rivet menciona también las expediciones groenlandesas a la costa nororiental, expediciones que no dejaron ninguna huella perceptible en las civilizaciones americanas, y expone las razones que permiten afirmar la existencia, en una época histórica, de relaciones comerciales y culturales intermitentes entre la costa occidental del continente y Polinesia.

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