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Jean de Salisbury

(John, Jean o Juan de Salisbury, en latín Johannes Saresberiensis; Salisbury, c. 1115 - Chartres, 1180) Prelado francés. Fue alumno de Abelardo en París y en Chartres, y secretario del arzobispo de Canterbury. En 1164, perseguido por el rey Enrique II, huyó de Inglaterra, a donde regresó en 1170 con Tomás Becket. En 1176 fue nombrado obispo de Chartres. Es autor, entre otras obras, de una biografía de Tomás Becket y otra de San Anselmo.

Fino escritor, docto en teología y en filosofía, de vasta cultura clásica (se ha discutido si conoció también el griego) y robusto pensador, Jean o Juan de Salisbury es uno de los mayores representantes del humanismo medieval. Estudió en París, en 1136, con Abelardo, y en Chartres; vuelto a Inglaterra en 1150, se le nombró secretario del arzobispo de Canterbury, Teobaldo, y fue encargado por el rey Enrique II de Inglaterra de numerosas misiones.

Viajó por Italia y quizá recibió en Roma, del papa Adriano IV, la bula que autorizaba a Enrique II a conquistar Irlanda. Conservó también el cargo de secretario con el nuevo arzobispo Tomás Becket (1162) y, cuando éste entró en conflicto con el rey y se vio obligado a huir de Inglaterra, Salisbury le siguió a Francia. En Relins, donde se retiró, se dedicó a la redacción de la Historia pontificalis.

Vuelto con Tomás Becket a Inglaterra en 1170, y después que el arzobispo fue asesinado en la catedral de Canterbury por algunos caballeros del rey, Jean de Salisbury escribió su vida, propugnando su beatificación: Tomás Becket fue, en efecto, canonizado por el papa Alejandro III en 1173. Al mismo Tomás Becket había dedicado Salisbury su Policrático, en el que, tratando de moral y de política, manifestaba todo su amor por la cultura y por las "litterae", entendidas como expresión de humanismo; también escribió en elogio de su arzobispo un poema de 962 dísticos, el Entheticus de dogmate philosophorum.

En 1176 fue elevado a la cátedra episcopal de Chartres, y en esta ciudad falleció cuatro años más tarde. Además de las obras citadas, se le deben también el Metalógico, en el que defiende la lógica como instrumento de la verdad, una vida de San Anselmo y unas trescientas cartas a amigos, cortesanos y eclesiásticos.

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