Camilo Torres Restrepo

(Jorge Camilo Torres Restrepo; Bogotá, 1929 - San Vicente de Chucurí, Santander, 1966) Sacerdote y guerrillero colombiano. Tras ordenarse sacerdote en 1954 y completar su formación con estudios de sociología en Bélgica (1954-1959), participó en la fundación de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, en la que ejerció la docencia entre 1959 y 1962.


Camilo Torres Restrepo

Preocupado desde su juventud por las profundas desigualdades sociales, la personalidad carismática de Camilo Torres Restrepo, la coherencia de su mensaje progresista y sus iniciativas en favor de las clases más desfavorecidas lo habían erigido, desde su regreso al país, en una figura de gran relevancia. La expulsión de la universidad (1962) acrecentó su proyección pública y marcó el inicio de un acercamiento a posturas revolucionarias, que culminó con el abandono del sacerdocio y la incorporación a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (1965). Llamado desde entonces El cura guerrillero, Camilo Torres Restrepo fue abatido por el ejército colombiano apenas un año después, en su primer enfrentamiento armado.

Biografía

Camilo Torres Restrepo nació en el tradicional barrio de La Candelaria, en el seno de una familia burguesa conformada por el prestigioso pediatra y científico Calixto Torres Umaña e Isabel Restrepo Gaviria, unión de la que nacieron Fernando y Camilo; doña Isabel, que había enviudado, tenía ya dos hijos de su anterior matrimonio, Gerda y Edgar Westendorp. Sus progenitores eran personas totalmente disímiles: el padre, concentrado en sus investigaciones y consultas, era poco amigo del boato social, mientras que la madre era todo lo contrario: extrovertida, amiga del gasto excesivo, de las reuniones, los tés y las frivolidades, aunque muy humana y comprensiva con sus hijos. Esta oposición de caracteres dificultó la relación y auguraba un escaso recorrido a la pareja; finalmente, el matrimonio se disolvió en 1937.

La formación intelectual de Camilo Torres Restrepo fue bastante exigente. En 1931, cuando apenas contaba dos años de edad, su padre fue nombrado representante de Colombia en la Liga de las Naciones con sede en Ginebra; allí aprendió las primeras letras simultáneamente en castellano y francés. Para ese entonces ya el matrimonio Torres Restrepo funcionaba mal, y al año largo de vivir en Suiza se produjo una primera separación. Doña Isabel y sus cuatro hijos se trasladaron a Barcelona, ciudad a la que fue a buscarlos el doctor Torres y desde la que regresaron a Colombia en 1934.

Los hermanos Torres Restrepo fueron matriculados en el Colegio Andino, pero Camilo terminó su bachillerato en el Liceo de Cervantes en 1946. Buena parte de la infancia y la adolescencia de Camilo transcurrió en el campo, ya que, después de la separación, doña Isabel había decidido vivir en una finca lechera ubicada en las afueras de Bogotá. Camilo se vinculó a los boy scouts y desde un principio mostró indudables dotes de líder, aunque era indisciplinado, "mamagallista" y muy dado al romance y a la dolce vita.


Camilo Torres Restrepo

Durante el primer semestre de 1947 entró a estudiar derecho en la Universidad Nacional. Pero, gracias al contacto con dos promotores dominicos y después de una fase de incertidumbre, decidió hacerse fraile de la comunidad de Santo Tomás y quiso partir, a escondidas de su madre, al noviciado de Chiquinquirá. Doña Isabel Restrepo alcanzó a detenerlo en la estación de La Sabana. Vino luego un período de oposición paterna, otro de diálogo y finalmente, en septiembre de 1947, los esposos Torres Restrepo aceptaron que su hijo entrara en el Seminario Conciliar de Bogotá, ubicado en las muy exclusivas y apetecidas sierras del Chicó.

Siete años dedicó Camilo Torres Restrepo a su preparación. Se ordenó como sacerdote el 29 de agosto de 1954 y su primera misa la ofició en la capilla del Liceo de Cervantes. Durante su permanencia en el seminario empezó a manifestarse su preocupación por la problemática social y por sus posibles soluciones desde un punto de vista cristiano, alejado todavía del marxismo; con el correr del tiempo se convertiría en un humanista social, precursor de la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos (Argel, 4 de agosto de 1976).

Estudios en Europa

El 25 de septiembre de 1954, el padre Camilo se trasladó a Bélgica con el fin de iniciar estudios de sociología en la Universidad de Lovaina. Allí se encontró con un viejo amigo suyo del seminario, Gustavo Pérez, y juntos participaron del maremágnum de ideas que, en plena guerra fría, hervían en la Europa de entonces. En especial, Camilo Torres recibió la influencia de la Democracia Cristiana, del sindicalismo cristiano y de las teorías sociológicas en boga, y se aproximó, aunque tímidamente, al marxismo, andamiaje intelectual que le sirvió para abrazar una causa que nunca abandonaría: la de los oprimidos, con el ideal nunca alcanzado de llevar con ellos una vida comunitaria y compartir sus tareas y esfuerzos.

Intelectualmente inquieto, Camilo Torres Restrepo se sentía además inclinado por la acción social. Ya desde los tiempos de seminarista en Bogotá había organizado campañas en pro de los picapedreros de las lomas aledañas al Seminario Mayor de Bogotá. El contacto con la sociedad y la cultura europeas le permitió comprobar las distancias existentes entre el primer y tercer mundo, y se convenció también de que una de las grandes dificultades para un desarrollo más armónico de Latinoamérica radicaba en la falta de investigación social, problema que intentó paliar con la fundación, en 1955, del Equipo Colombiano de Investigación Socio Económica (ECISE), que tuvo comités en la mayoría de los países de Europa occidental.


Con su madre en Lovaina

Asistía además a cuantas conferencias se celebrasen y participaba en muchas reuniones de estudiantes latinoamericanos sobre los temas que le interesaban; para completar su ajetreada y apretada agenda, ocupó la vicerrectoría del Colegio Latinoamericano. En 1957, Camilo Torres se acercó de forma decisiva a problemas sociales bien complejos: los tugurios existentes en París, y muy particularmente los grupos de la resistencia argelina, le permitieron vislumbrar la realidad de un proceso de liberación nacional y el papel que le correspondía al intelectual en dicha lucha. Contó con el apoyo de su gran amiga, compañera, confidente y posteriormente secretaria, Marguerite Marie Guitemie Olivieri.

En 1958, después de permanecer en Bogotá reuniendo los datos necesarios, se graduó como sociólogo con la tesis "Una aproximación estadística a la realidad socio-económica de Bogotá", que fue dirigida por el profesor Yves Urbain. Este trabajo, pionero dentro de la sociología y la antropología urbanas, sería publicado póstumamente con el título La proletarización de Bogotá (1987).

Tras concluir sus estudios en Lovaina y gracias a la intervención de su hermano Fernando, siguió un curso de verano en la Universidad de Minneapolis (Minnesota), donde conoció a Teodore Caplow. Tuvo la oportunidad de doctorarse en sociología en la Universidad de Lovaina, pero prefirió dedicarse al país, a sus gentes y problemas. En los momentos dramáticos del penúltimo año de su vida, cuando todavía dudaba entre la sotana y el fusil, también tendría la oportunidad de volver a Bélgica, y otra vez se impondría su honesto compromiso con los desheredados.

En la Universidad Nacional

Al regresar a Colombia, en enero de 1959, fue nombrado capellán auxiliar de la Universidad Nacional, y, junto con el sociólogo costeño Orlando Fals Borda, fundó la Facultad de Sociología de esa universidad. Camilo Torres Restrepo inició allí una importante labor docente, investigadora y de acción social, que le sirvió para emprender un plan piloto para el barrio de Tunjuelito (Bogotá), con el que ganó el prestigioso Premio Nacional de Beneficencia Alejandro Ángel Escobar.

Al comienzo, el animoso sacerdote fue visto como "bicho raro" por los virulentos estudiantes, pero tan convincente era su mensaje y tan carismática su figura que poco a poco consiguió irrestrictos seguidores, no sólo en el campus universitario, sino en otros sectores sociales. A ello contribuyó la manera como Camilo ejercía la liturgia de la misa, de frente a los fieles, en castellano y quitándole cierto acartonado aparato ceremonial, como marcaban las directrices aprobadas en el Concilio Vaticano II. En el terreno doctrinal, manifestó ideas demasiado avanzadas para la curia: aprobaba el noviazgo para curas y seminaristas y abogó por el ecumenismo y por el diálogo entre cristianos y marxistas.


Con sus alumnos de la Universidad Nacional

Las autoridades eclesiásticas y el cardenal Luis Concha Córdoba comenzaron a recelar de las actuaciones y de la creciente popularidad del joven sacerdote, que llegó a su punto máximo en julio de 1962, cuando, al finalizar una larga asamblea estudiantil, los enardecidos estudiantes lo proclamaron rector de la Universidad Nacional. Ésa fue la gota que colmó la paciencia del conservador prelado, quien de inmediato lo destituyó como capellán de la Universidad y le prohibió volver a dictar clases allí, poniéndolo al frente de la parroquia de La Veracruz. Después de mucha insistencia por parte de las directivas del alma mater, Luis Concha permitió que terminara el semestre académico.

Durante los tres años que Camilo Torres permaneció en la Universidad Nacional, su pensamiento experimentó una permanente evolución. El contacto con los problemas más candentes del país radicalizó progresivamente sus posturas. Ya en 1960, algunos de sus conceptos habían parecido a algunos salidas de tono: en una evaluación que hizo de Radio Sutatenza, fundada años atrás por monseñor José Joaquín Salcedo, afirmó que los programas de esa emisora eran demagógicos y perjudiciales para el campesino, pues, en aras de una campaña anticomunista suscitada después de la revolución cubana, se incitaba al odio y se ocasionaba violencia, tema este último en el que también profundizó Camilo Torres y que le sirvió para desengañarse, aún más si cabe, de la Iglesia y de las clases privilegiadas.

El cura guerrillero

Entre 1962 y 1965, Camilo Torres Restrepo fue una de las figuras más importantes de la vida pública del país. La parroquia de La Veracruz, a la que había sido destinado, se convirtió en el sitio preferido para desposarse: en la sociedad bogotana de entonces era "in" decir que Camilo era el cura que los había casado. Por los tiempos de su salida de la Universidad Nacional había sido nombrado miembro de la Junta Directiva del recién fundado Instituto de la Reforma Agraria (INCORA); allí tuvo problemas al cuestionar permanentemente las políticas del Ministerio de Agricultura, pero conoció muy de cerca la problemática campesina colombiana, la burocracia y el proselitismo de Estado.

Entretanto, su pensamiento avanzó hacia posiciones revolucionarias. En 1962 planteó que los marxistas luchaban por la nueva sociedad y que, por lo tanto, los cristianos debían estar a su lado. En julio de 1964 apareció en Colombia un nuevo movimiento guerrillero, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el cual llamó la atención de Camilo Torres; desde su punto de vista, no estaba tan "contaminado" como los demás grupos insurgentes. En enero de 1965 inició contactos para comunicarse con la comandancia y en febrero lanzó la plataforma Frente Unido de Movimientos Populares, que propugnaba una reforma agraria radical y la nacionalización de la industria y de los productos del subsuelo.


En una imagen tomada en 1960

A fines de abril de 1965 se retiró de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) y, presionado por la curia, preparó las maletas para viajar a Lovaina. Según la jerarquía eclesiástica, a Camilo Torres había que "descontaminarlo"; el viaje estaba previsto para el 22 de mayo, pero una apoteósica manifestación de respaldo estudiantil le hizo desistir el mismo día en que debía embarcarse para Bélgica.

En junio de 1965, Camilo Torres Restrepo tomó una de las decisiones más trascendentales y dolorosas de su existencia: abandonar el sacerdocio, al cual había dedicado once años de su vida. Una vez fuera de la vida religiosa (pero no de la religión, pues hasta su muerte fue un católico convencido), visitó el campamento guerrillero del Ejército de Liberación Nacional en Santander y quedó en "comisión" en la ciudad, en la que debía seguir su programa de agitación política con el Frente Unido de Movimientos Populares. En el momento en que fuera requerido, debía incorporarse a filas.

Durante los meses siguientes Camilo Torres recorrió el país y atrajo a multitud de gentes, hasta contar con el favor de gran parte de la opinión pública. Se perfilaba como el candidato alternativo al del Frente Nacional, Carlos Lleras Restrepo; sin embargo, Camilo Torres nunca consideró la vía electoral como una solución a la injusticia social. Su discurso caló muy hondo en un amplio espectro de sectores; logró aglutinar a personas de diferentes tendencias de la izquierda y de la política tradicional, y sobre todo captó la atención de buena parte de electorado. Para Torres, la corrupción del sistema había hecho del voto un instrumento inútil; el abstencionismo, en cambio, era una posición revolucionaria, de enfrentamiento y de lucha, toda vez que "el aparato electoral está en manos de la oligarquía y por eso el que escruta elige, el que cuenta los votos determina la victoria". No se dejó tentar por ningún movimiento político, y cada vez más un cerco de peligro lo rodeó.

El 18 de octubre de 1965, finalmente, se incorporó a la guerrilla, y el 15 de febrero de 1966, en el municipio de San Vicente de Chucurí (corregimiento de Patio Cemento, Santander), cayó muerto en su primer enfrentamiento con las fuerzas del ejército colombiano. El cadáver del cura guerrillero nunca sería entregado a la madre, doña Isabel Restrepo; el sitio donde fue enterrado es uno de los secretos mejor guardados de Colombia. Sobre tal situación, la madre de Camilo comentó alguna vez: "Soy la única madre colombiana a la cual se le ha negado la entrega del cadáver de su propio hijo. Como cristiana y católica practicante, les recuerdo que cuando a Cristo lo crucificaron como ''bandolero'', no le negaron a la Virgen María la gracia que a mí se me ha negado".

A pesar de que la muerte de Camilo Torres fue un golpe muy duro para el Ejército de Liberación Nacional, pues debía parte de su prestigio al apoyo del sacerdote, el grupo continuó sus acciones político-militares y siguió creciendo hasta 1972-1973, cuando bajo el gobierno de Misael Pastrana Borrero se llevó a cabo en Antioquia la operación Anorí, en la que murieron los hermanos Manuel y Antonio Vásquez Castaño. Los guerrilleros se replegaron otra vez a las montañas de Santander (a sus "santuarios" de San Vicente y el Carmen de Chucurí) para replantearse y reorganizar el movimiento, bajo la dirección del sacerdote español Manuel Pérez Martínez (1943-1998).

Movido por la admiración que Camilo Torres despertó en muchos jóvenes sacerdotes del mundo y en los seguidores de la teología de la liberación, Manuel Pérez había llegado a Colombia a fines de 1969 junto con los también curas Domingo Laín y José Antonio Jiménez. La figura de Camilo Torres había adquirido ya proporciones míticas y se había convertido en referencia de un modo distinto de entender el ejercicio sacerdotal. Fue así como se formó en el país un grupo importante de curas rebeldes: el llamado "grupo de Golconda", liderado por monseñor Gerardo Valencia Cano, vicario apostólico de Buenaventura.

A lo largo de su vida, Camilo Torres Restrepo publicó diversos libros y panfletos: Cristianismo y Revolución, La violencia y los cambios socioculturales en las áreas rurales de Colombia, Las escuelas radiofónicas de Sutatenza, Palabras para una revolución, Proclama al pueblo colombiano y La revolución: imperativo cristiano. Una recopilación de sus textos se publicó póstumamente en 1967 bajo el título ¡Liberación o muerte!, clara muestra de su compromiso social y de su cristianismo radical, no bien visto por la Iglesia oficial. Sus escritos constituyen una contribución original y estimulante en el panorama de las teorías políticas y sociológicas de la América Latina contemporánea, uniendo una gran variedad de temas a la compleja síntesis de ideologías y a la hondura del análisis, en un intento de conciliar el compromiso revolucionario con la profesión de una fe en los valores del cristianismo.