José María Valverde

(Valencia de Alcántara, 1926 - Barcelona, 1996) Poeta, ensayista y profesor español. Tras doctorarse en Filosofía y Letras en Madrid, se trasladó a la Universidad de Roma como lector de español (1950-1955). En 1956 obtuvo por oposición la cátedra de Estética en la Universidad de Barcelona, cargo del que dimitió en 1965 como protesta contra las expulsiones de sus cátedras, por parte del régimen franquista, de los profesores Aranguren, Tierno Galván y García Calvo, quienes expresaron opiniones críticas al sistema.

Como todos ellos, Valverde se situó pronto entre la intelectualidad opuesta al franquismo. En los años siguientes, Valverde alternó sus estancias en universidades de Estados Unidos y Canadá con su trabajo de asesor editorial, en especial para la editorial Planeta. En 1977, al inicio de la transición democrática, se reintegró a su cátedra, sin descuidar por ello un activo compromiso político, vinculado siempre a las corrientes de síntesis cristiano-marxistas y cercano al Partido Comunista, apoyando los movimientos sociales en Hispanoamérica y en especial, al movimiento sandinista nicaragüense. Jubilado de sus tareas universitarias en 1992, desde 1993 fue profesor emérito.

Su producción poética se inició pronto, e intensamente, a los trece o catorce años, según confiesa el propio autor. Colaboró tempranamente en las revistas Garcilaso, Proel y Mensaje, inscribiéndose momentáneamente en el grupo literario de la Juventud Creadora, aglutinado hacia 1939. Antes de cumplir los veinte años apareció su primer libro de poemas: Hombre de Dios (1945), emergencia de su personal voz poética, de una religiosidad agónica y en perpetua desazón, en busca de un Dios rastreado con impaciencia. Libro emotivo, hondo y pesimista, saludado con entusiasmo por la crítica, en el que se advierte ya la influencia de Rilke y otros poetas de similar huella metafísica.

En 1949 publicó La espera, poemario en el que la influencia de Machado, y de poetas hispanoamericanos como Vallejo, Neruda y otros, le lleva a intentar una poesía más temporal, cercana a la cotidianeidad, un viraje hacia las cosas y hacia la palabra en su concreción. Tal evolución se confirmó en Versos del domingo (1954), libro surgido durante su estancia en Italia, que ahonda en la comunión con los seres anónimos y marginados de la multitud, en una superación del miedo a la realidad, al tiempo que experimenta con estructuras formales complejas. Se ha señalado cierta influencia de algunos líricos italianos, como Quasimodo y Montale. Cierto sector de la crítica, que había visto en él al Claudel español, empezó entonces a recriminarle ese acercamiento a la sencilla y áspera prosa de la vida.

Su siguiente libro de poesía, Voces y acompañamientos para San Mateo, aparece en 1959. La lectura del Evangelio es vivida como contrapunto, estímulo y consuelo, en palabras de Valverde, en medio de la gris existencia diaria de profesor universitario, traductor, y asesor editorial. El libro lo componen diversas paráfrasis, en endecasílabo blanco, de fragmentos del Evangelio de San Mateo, seguidas de una glosa poética personal.

En la misma línea, Valverde publicó, en 1960, una traducción de los Evangelios en prosa diaria y corriente, bajo el título Las Buenas Noticias del Reino de Dios. También en 1960 apareció su siguiente poemario: La conquista de este mundo, en donde Valverde utiliza una alternancia de voces (soneto-prólogo, alejandrino descriptivo, soneto-comentario personal), para trazar una suerte de resumen de la historia universal, conjugando la admiración por el esfuerzo creador de la humanidad, con la conciencia de que la historia no salvará al hombre en su realidad sustancial e íntima.

Siguieron años de silencio poético y de gradual aceptación de la necesidad de una toma de conciencia en lo político y lo social, en que Valverde superó con franciscana humildad el acomodaticio cinismo de cierta intelectualidad liberal incapaz de renunciar a las comodidades de un capitalismo del cual abomina, pero sólo en teoría. Testimonio de su imbricación creciente con la historia inmediata y concreta es su siguiente libro: Años inciertos (1970), compuesto de poemas breves en que clama una ineludible "hambre y sed de justicia", se afirma la incomprensibilidad radical de Dios, si no es como amor revelado, y toma cuerpo su situación ambivalente y trashumante de profesor de español en el extranjero.

En 1971 publicó una selección de su obra poética: Enseñanzas de la edad (Poesía 1945-1970), seguida en 1976 por otro breve poemario: Ser de palabra, y otros poemas, a modo de mezcla entre ensayo y poesía, que proclama aún la encarnación de la poesía en el hombre. Finalmente, en 1990, aparecieron unas Poesías reunidas, nueva antología personal.

No menos importante, y muy rigurosa, es su producción ensayística: cabe señalar dos trabajos de investigación lingüística: Estudios sobre la palabra poética (1952) y Guillermo de Humbolt y la filosofía del lenguaje (1955), que fue su tesis doctoral en la Universidad de Madrid. Sus Cartas a un cura, escéptico en materia de arte moderno (1959) abordan la problemática del arte en nuestros días, siendo el título una irónica actualización del conocido tratado del filósofo católico Jaime Balmes.

De su estancia italiana surgió una Storia della letteratura spagnola (Historia de la literatura española), publicada en Turín en 1955. Importante obra de colaboración con Martí de Riquer fue la Historia de la literatura universal (1957-1959), que alcanzó numerosas reediciones y ampliaciones (cuarto volumen, La literatura de Hispanoamérica, 1977), hasta ocupar finalmente diez volúmenes en la edición de 1984-1986. Una obra de inteligente síntesis es la Breve historia de la literatura española (1969).

Ha dedicado diversos ensayos a presentar la figura y obra de otros escritores y pensadores: Azorín (1972); Antonio Machado (1975); Joyce (1978); Cervantes (1991); Nietzsche, de filólogo a Anticristo, de 1993, uno de los mejores trabajos introductorios al filósofo alemán escritos en España. Un peculiar modo de narrar y comprender la historia intelectual de Occidente campea en su Vida y muerte de las ideas. Pequeña historia del pensamiento occidental (1980), una de sus obras más reeditadas.

Otras obras en la misma línea entre ensayística y de una cierta vulgarización, de gran altura, no obstante, son Breve historia y antología de la estética (última reedición 1998); El barroco, una visión de conjunto (1980); La mente de nuestro siglo (1982); La literatura (1983); Movimientos literarios (1985); Viena, fin de imperio (1990), y su última publicación, Diccionario de historia (1995).

Especial mención merece su amplia labor como traductor, que le valió, en su conjunto, el Premio Nacional de Traducción en 1990. Destacan sus versiones de Rilke, Hölderlin, Goethe (Fausto), Dickens (Pickwick, etc.), el teatro completo de Shakespeare, Melville (Moby Dick, etc.), Joyce (Ulises), T. S. Eliot, Faulkner, Morgenstern y Guardini, entre otras.

Publicó también diversas antologías de poesía española e hispanoamericana, de Unamuno, Vivanco, Ernesto Cardenal, así como ediciones críticas de obras de Antonio Machado y Azorín. Otras obras que cabe citar son: Salmos, elegías y oraciones (1959) y Logos (1959). Obtuvo el Premio Ciudad de Barcelona en 1991. Su magisterio indiscutible (muchos recuerdan la fascinación que ejercía desde su cátedra) y su figura de hombre íntegro y comprometido, sin alharacas ni exhibicionismos, con la justicia y la libertad, colocan a Valverde en lugar muy destacado entre la intelectualidad española de la segunda mitad del siglo XX.