Gandhi

Históricamente, las acciones de Gandhi demostraron que el pacifismo era un instrumento viable para alcanzar objetivos políticos ambiciosos y que la independencia de la India era posible sin necesidad de derramamientos de sangre; en un siglo convulsionado por dos guerras mundiales y multitud de trágicos sucesos, Gandhi mantuvo siempre su lucha bajo los estandartes de la concordia y la no violencia que había predicado. De ahí que su figura se halle indisolublemente unida con la resistencia pacífica y la no violencia.


Gandhi (dibujo de A. Seuron)

Gandhi fue un líder nacionalista, pero, por encima de todo, fue un defensor de la igualdad y la justicia. Luchó con gran ímpetu tanto para lograr la independencia de la India como para acabar con las desigualdades que padecía la sociedad de su país. En una sociedad tan estratificada como la india, se puso del lado de los intocables (casta privada de todo derecho) y predicó la admisión de todos los individuos en la sociedad y la igualdad de todos sus miembros. De hecho, sus ideales trascendían el ámbito estrictamente político: más allá de la liberación de su país y la transformación social, abogó por el perfeccionamiento espiritual del hombre.

Dos conceptos fueron claves en su lucha: la satyagraha, que puede traducirse como "la fuerza de la verdad", y la ahimsa o no violencia. La verdad está por encima de todas las cosas; sostener la verdad es sostener lo indestructible, y al sostener la verdad, la verdad nos sostiene: la verdad es la fuerza que ha de alimentar acciones como la no cooperación, la desobediencia civil, el ayuno o la resistencia pasiva, que tiene muy poco que ver con la pasividad, pues requiere una inmensa energía que sólo la satyagraha puede infundir.

La ahimsa o no violencia se impone como imperativo ético en una lucha que, al final, es una lucha contra semejantes, contra seres humanos poseedores de nuestra misma dignidad y merecedores del mismo respeto que exigimos, lo cual excluye toda forma de coacción. Aunque el término ahimsa procede del hinduismo y es común en la tradición oriental, Gandhi entendió que tal concepto subyace también en las religiones occidentales, como el islamismo y el cristianismo. De hecho, las enseñanzas evangélicas de Jesús y autores occidentales como el estadounidense Henry David Thoreau (que teorizó sobre la desobediencia civil), el novelista ruso León Tolstói y el escritor británico John Ruskin ejercieron influencia en el pensamiento de Gandhi.


Ben Kingsley en Gandhi (Richard Attenborough, 1982), galardonada con ocho Oscar

Durante su vida, Gandhi conoció éxitos y sufrió fracasos. Vio cómo su estrategia de la no violencia posibilitaba la independencia de su nación; sin embargo, hubo de constatar que su país estaba radicalmente dividido entre hindúes y musulmanes, y fue testigo de la separación de Pakistán de la India. Pese a este fracaso final, su influencia ha sido inmensa. El pensamiento y las actitudes de Gandhi servirían de ejemplo e inspiración para los distintos movimientos pacifistas que surgieron en todo el mundo tras la Segunda Guerra Mundial.

Gandhi también se convirtió en un punto de referencia para los líderes nacionalistas de Asia y África. Demostró que los movimientos independentistas podían enfrentarse con éxito a las potencias coloniales para liberar a sus países del yugo europeo. La independencia de la India dio un impulso importante al proceso de descolonización de Asia y África en la segunda mitad del siglo XX.

La obra escrita de Gandhi se compone de una variada multitud de artículos publicados diarios y revistas, así como de trascripciones de discursos oficiales pronunciados tanto en su país como en Gran Bretaña y de otras numerosas alocuciones dirigidas al pueblo. De entre sus libros debe destacarse Historia de mis experiencias con la verdad (1927), una autobiografía que finaliza en 1921 y que lamentablemente careció de continuación. El texto constituye un extraordinario testimonio de su búsqueda y sus ideales.

La figura de Gandhi continúa despertando fascinación en nuestros días. Su aspecto frágil y sereno, su sobria túnica blanca y sus ideales pacifistas han ayudado a otorgarle una aureola mítica. Por este motivo, no es de extrañar que su vida haya sido recreada en diversas series de televisión y películas. Es particularmente célebre el filme Gandhi (1982), de Richard Attenborough, en el que Ben Kingsley interpretaba al célebre activista indio.