Fenómeno de masas. El culto al Führer, al conductor, constituyó la nota básica del estado nazi. El saludo formulario y reglamentario "Heil Hitler" fue inventado, según Toland, por Rudolf Buttmann hacia 1925, tras la salida de la prisión; pero su difusión se debió a Goebbels, quien consideró que la repetición en todos los actos contribuiría a convertir al jefe del partido en el caudillo indiscutido. Una vez convertido en dictador de Alemania, esta exaltación alcanzó su paroxismo en las grandes paradas del partido en Nuremberg, y no sólo en el momento en que en la gran tribuna señoreaba con gritos estridentes los micrófonos. La descripción de su intérprete Paul Schmidt lo presenta como dueño de las calles, pastor de las muchedumbres en las aceras. Su coche circulaba lentamente por los barrios viejos durante más de una hora, en medio de aclamaciones de la multitud amontonada al borde de las calzadas: "Las multitudes extáticas, rompiendo en jubilosas aclamaciones ante la aparición de Hitler, ofrecían un cuadro impresionante. Nunca olvidaré la expresión de aquellos rostros; las gentes le miraban extasiadas con una entrega casi bíblica... como si estuviesen hechizadas. Yo lo llamaría paroxismo colectivo. Muchos extendían los brazos en pleno delirio, le apostrofaban enardecidos con alaridos y vítores."
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