Victoria I de Inglaterra

 
El príncipe Alberto. Para el desarrollo de sus funciones, Victoria contó con la inestimable ayuda de su marido y amor de su vida: el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo. Victoria y Alberto se enamoraron al parecer a primera vista y se casaron en 1840. Alberto supo en todo momento acarrear con dignidad el difícil papel que le correspondía; destacó por su inteligencia y su sobriedad y acabó ganándose la confianza de sus súbditos, recelosos al principio ante un príncipe alemán. A partir de 1856 gozó del status de príncipe consorte, figura ésta que a partir de él adquirió sus específicas dimensiones. La unión se desarrolló con una armonía y entendimiento poco común; los reyes de Inglaterra pronto constituyeron un modelo de integridad moral para el pueblo británico. En las directrices de gobierno, la pareja real actuó de mutuo acuerdo; Alberto se ocupaba de muchos asuntos de estado, y la reina seguía siempre el consejo de su marido respecto a las políticas de sus ministros. En la imagen, la boda de Victoria y Alberto tal y como la representó el retratista inglés Sir George Hayter.

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