Alejandro Magno

 
Rey de Macedonia. La profunda crisis de las ciudades griegas durante el siglo IV a.C. había hecho posible que el padre de Alejandro, Filipo de Macedonia, impusiera su dominio sobre el mundo griego tras vencer en la batalla de Queronea (338 a.C.). Tras el asesinato de Filipo, Alejandro hubo de sojuzgar a las ciudades griegas que, dando crédito a un falso rumor sobre la muerte del propio Alejandro, habían tratado de aprovechar un supuesto vacío de poder. Una vez superados los primeros escollos, Alejandro demostró haber aprendido bien la magistral lección de su padre en el complejo entramado de su hegemonía en Grecia, al esforzarse en restablecer el poder macedonio en la misma dimensión. Asumió así los mismos títulos que su antecesor, con objeto de afianzar su posición en el contexto griego, siendo reconocido en Tesalia como tagos, como hegemón de la anfictionía de Delfos y como strategós autokrátor, es decir, como general con plenos poderes, de la Liga de Corinto. En la imagen, visión de conjunto y detalle (Alejandro) de un mosaico sobre la batalla de Issos, la segunda que libró Alejandro contra el rey persa Darío III. Conservado actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, el mosaico fue hallado en la casa del Fauno de la ciudad romana de Pompeya, lo que ilustra la admiración que su figura seguía despertando en época romana. Entre su más fervientes admiradores se hallaría otro gran general y estadista: Julio César.

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