Alejandro Magno

 
Los diádocos. Tras la muerte de Alejandro Magno, la unidad del imperio no pudo mantenerse. Sus generales, llamados los diádocos ("sucesores"), guerrearon entre sí para gobernar el imperio. En un principio Antípatro se quedó con Macedonia y Grecia; Antígono con Frigia y Lidia; Ptolomeo con Egipto; y Lisímaco con Tracia; Pérdicas había sido nombrado por el propio Alejandro como regente del imperio, pero su autoridad nunca fue respetada. La ficción de la unidad duró hasta 306 a.C., año en que los diádocos se declararon soberanos de sus territorios. Este primer reparto tampoco trajo consigo la paz: los pactos y alianzas se formaban y rompían con frecuencia y las guerras continuaron hasta el 280 a.C. Al final del periodo tres grandes reinos habían sobrevivido: el de Macedonia, que incluía el Asia menor, gobernado por Antígono; el heterogéneo imperio de Seleuco del Asia interior, donde reinaría la dinastía seléucida; y el de Egipto, gobernado por Ptolomeo I Soter, donde reinaría la dinastía ptolemaica hasta la muerte en el 30 a.C. de su último miembro, la célebre reina Cleopatra. El imperio de Alejandro Magno desapareció, pero gracias a él la cultura helenística se había difundido por todo el Próximo Oriente y su influencia se había extendido hasta Asia Central y el Mediterráneo Occidental.

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