Ludwig van Beethoven

 
En Viena. Gracias al auxilio de amigos y mecenas locales, entre los que figuró el conde Waldstein, Beethoven dio el paso decisivo de su existencia, y en noviembre de 1792 se trasladó a Viena, centro de una intensa vida artística y teatral. El motivo oficial de este viaje fue el perfeccionamiento del músico en el ámbito de la composición bajo las enseñanzas de Joseph Haydn. Recibió también, no obstante, otras lecciones de cierto Johann Schenck, quien le corrigió ciertas negligencias materiales de aquel gran maestro en cuanto a la armonía, y del sabio teórico Albrechtsberger y de Antonio Salieri respecto a la composición dramática, la estructura de las voces y la recitación italiana. En poco tiempo iba a ganarse el reconocimiento del público vienés, tanto como compositor como por sus actuaciones como pianista, hasta el punto de ser considerado el genio artístico más relevante del momento. El éxito le sonrió, y el proyectado viaje de estudio se transformó en una permanencia definitiva. Estos años fueron los únicos felices de su vida. En la imagen, un retrato del compositor efectuado por Christian Hornemann en 1803.

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