Francisco de Goya

 
La maja vestida
1797 - 1798
Lienzo. 0,97 x 1,90
Museo del Prado, Madrid.

Famosísimas por la leyenda que quiso ver en ellas a la duquesa de Alba, las Majas son, quizá, lo más conocido en la obra de Goya, y sin duda lo que más literatura extraartística ha producido. Paradójicamente, son también las obras de las que se posee menos información documental. Se ha supuesto, por razones técnicas, que se pintaron hacia 1797-1798, pero no es seguro que sean contemporáneas, y en realidad nada se sabe acerca de ellas hasta que aparecen en 1808 en la colección de Godoy, calificadas de "gitanas". Desde 1808 estuvieron en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, con los bienes incautados a Godoy, y en 1901 pasaron al Museo del Prado.

Aun cuando el modelo parezca el mismo y la posición y actitud sean idénticas, algo que no es sólo el contraste entre lo vestido y lo desnudo distingue a las dos Majas. La maja vestida está tratada con una técnica más suelta, vibrante y libre: más "goyesca", en realidad, que La maja desnuda.

Mucho menos académica en su acabado, La maja vestida comunica al espectador un hálito de vida y de malicia, que hizo a la escritora Emilia Pardo Bazán calificarla de "más que desnuda", por contraste con su "aporcelanada" compañera. Fragmentos de pura pintura como la chaquetilla amarilla con adornos negros o los volantes de la almohada se cuentan entre los aciertos más rotundos del pincel de su autor.

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