Martin Buber

(Viena, 1878 - Jerusalén, 1965) Escritor y filósofo israelí. A raíz del divorcio de sus padres, se crió en la localidad austriaca de Lemberg, donde residía su abuelo paterno, Salomón Buber, un famoso erudito rabínico. Allí conoció la Biblia, la lengua hebrea clásica y el pensamiento judío ortodoxo y compartió la vida de oración y estudio de los piadosos seguidores de la corriente jasídica.

A los catorce años regresó a la casa paterna y en 1896 inició estudios de filosofía e historia del arte en la Universidad de Viena, que más tarde continuó en Leipzig, aunque finalmente se doctoró en Berlín en 1904. Se afilió al sionismo y participó en el primer congreso de este movimiento celebrado en Basilea, el año 1897 y, en 1901, comenzó a trabajar como redactor en el periódico Die Welt.

Colaboró también en 1904 con el futuro primer presidente del Estado de Israel, Hayyim Weizmann, en la publicación Der Jude que no llegó a aparecer, pero a la cual se debe el manifiesto sionista que presidiría el ideario de Buber. Ese mismo año leyó un texto del rabino Israel ben Eliézer, fundador del jasidismo, con el cual sintió una profunda identificación que lo llevó a retirarse de otras actividades y a sumergirse en el estudio y lectura de los escritos de esta corriente. Finalmente, consiguió fundar Der Jude, que dirigió desde 1916 hasta 1924, uno de los primeros periódicos dedicados en Alemania al pensamiento sionista.

Desde 1923 hasta diez años más tarde enseñó teología judía e historia de las religiones en la Universidad de Frankfurt e inició el planteamiento teórico que originaría más tarde su obra Yo y Tú. Con el católico Joseph Wittig y el protestante von Weizsacker codirigió Die Kreatur desde 1926 hasta 1930. Antes, en 1920, había creado con Franz Rosenzweig la Freies Jüdisches Lehrhaus (Academia Judía Libre), que fue el más importante centro de educación de judíos adultos anterior a la Segunda Guerra Mundial.

Después de largos años de escritura y revisión, en 1923 se publicó el título antes mencionado, Yo y Tú, una de las obras fundamentales del autor. En 1933 sus estudios teológicos se vieron bruscamente interrumpidos, y cuando Hitler tomó el poder fue expulsado de la universidad y decidió emigrar a Palestina. En 1938 fue nombrado profesor de filosofía social en la Universidad hebrea de Jerusalén, donde enseñó hasta su jubilación en 1951. Durante más de cuarenta años se dedicó a estudiar las leyendas jasídicas.

Sus versiones de ellas dieron como resultado títulos como Cuentos de Rabbí Nahman (1906) y La leyenda del Baal Shem (1907); con un enfoque diferente sobre el mismo tema publicó luego El Gran Maguid y su sucesión (1921) y La luz oculta (1924). A partir de 1946, la mayor parte de estos trabajos se recogieron en cuatro volúmenes que, con el título genérico de Cuentos jasídicos, constituyen lo más conocido del autor.

En su pensamiento influyeron con gran fuerza la obra de Kierkegaard, padre del existencialismo, y el estudio del misticismo judío, que floreció en Polonia a mediados del siglo XVIII, conocido con el nombre de jasidismo. Toda su vida de estudioso y su extensas producción de filosofía e historia de la religión tuvieron como objetivo la construcción de un renovado puente cultural entre judaísmo y cristianismo. Éste es el motivo de la gran popularidad y el consenso que le acompañaron.

La profundización de la particular forma de misticismo que se desarrolló en las comunidades jasídicas, en las que por su fervor se distinguían los "zaddikim" (justos) y cuyas experiencias eran contadas por los "jassidim" (fieles a la alianza), permitió a Buber poner en evidencia la experiencia de la relación directa entre Dios y el hombre, en la que se basa, en realidad, toda su teoría filosófica. Derivada del existencialismo y de la ontología, esta teoría se funda en la relación del ser respecto a sí mismo, como absoluta presencia del Ser que da al ser dado, es decir: absoluta presencia de Dios en todo lo que existe.

La relación ontológica originaria (que desarrolla de manera especial en su obra Yo y Tú) que corresponde al enlace absoluto entre Yo y Tú, no se refiere sólo al hombre, sino a toda la naturaleza, según una diferenciación de esferas relativa a los diferentes grados de conciencia de la propia relación. El primer grado es el de la naturaleza mineral y vegetal, que viven la propia presencia contemporánea en el horizonte general del Ser, pero sin tener de Él ningún conocimiento y sin aportar ninguna respuesta.

La conciencia penetra en el segundo nivel, el humano, en el que el Yo se percibe como radical apertura y trascendencia hacia el otro desde sí, y por eso es consciente del estatuto existencial general que es la presencia absoluta del Tú: a este nivel se sitúa el obrar teniendo como base la libertad, la responsabilidad, el valor ético y el destino. El último grado lo constituye la dimensión espiritual, en la que la relación con Dios ya no se puede expresar con el lenguaje ni es traducible en términos espacio-temporales, sino que se coloca a un nivel de trascendencia que Buber llama "vida con las entidades espirituales".