Carlos María Bustamante

(Oaxaca, 1774 - México, 1848) Político e historiador mexicano que destacó, en el marco del proceso de emancipación de México y en las primeras décadas de la independencia del país, por su labor como historiador y como periodista, manifestando en ambas su adhesión a la causa emancipadora y al ideario del republicanismo centralista.

Carlos María Bustamante cursó filosofía en el Seminario de Oaxaca y se graduó en teología. En 1796 empezó la carrera de jurisprudencia en la capital y ejerció brillantemente la abogacía en la Audiencia de Guadalajara, profesión que abandonó tras verse obligado a firmar una sentencia de muerte. De vuelta a la capital, fundó el Diario de México (1805), desde cuyas páginas apoyó la lucha por la independencia del país. Tras la proclamación en España de la Constitución de Cádiz en 1812, fue uno de los primeros en hacer uso de la libertad de imprenta publicando El Juguetillo, periódico suspendido por el virrey.


Carlos María Bustamante

Temiendo por su vida, se marchó a Oaxaca, donde participó en las luchas independentistas junto a José María Morelos, quien lo nombró inspector general de Caballería, y empezó a escribir en el semanario El Correo del Sur. Representó a México en el Congreso de Chilpancingo (1813), escribió el discurso que pronunció allí Morelos y redactó, a instancias de éste, el acta en que se declaró la independencia. Tras la caída de Morelos en 1815, fue arrestado por los realistas y trasladado al Castillo de San Juan de Ulúa, en el que permaneció preso desde 1817 hasta 1820.

Proclamada en Iguala la independencia (1821), se unió a las tropas de Antonio López de Santa Anna y se enfrentó a las ambiciones de Agustín de Iturbide (que pretendía convertir la naciente república mexicana en una monarquía hereditaria) a través de las críticas expresadas en su semanario La avispa de Chilpancingo y directamente en el Congreso. Cuando Iturbide fue proclamado emperador en la sesión del 19 de mayo de 1822, Bustamante no asistió; con posterioridad se unió al grupo de diputados que se opuso al régimen imperial. Esta actitud le valió de nuevo el encarcelamiento en el convento de San Francisco, junto a otros diputados a quienes se acusaba de participar en una supuesta conspiración contra Iturbide.

Recobró la libertad en 1823, tras la destitución de Iturbide, y al año siguiente fue elegido de nuevo para el Congreso como diputado de Oaxaca. En la nueva legislatura, encargada de elaborar la Constitución republicana del país, Carlos María Bustamante tuvo una actuación destacada y contribuyó a solucionar varios asuntos. En unión del padre Servando Teresa de Mier y otros diputados, se declaró enemigo del régimen federal y defendió un gobierno centralizado. De 1825 a 1828 quedó excluido del Congreso por sus ideas centralistas y su oposición al gobierno del presidente Guadalupe Victoria.

En 1829 volvió a ser diputado. Fiel al presidente Anastasio Bustamante en la primera fase de su gobierno, más tarde mudó de actitud al estimar que el presidente se inclinaba por el sistema monárquico. En 1835, de nuevo diputado, contribuyó a redactar la Constitución centralista conocida como el Código de las Siete Leyes Constitucionales. De 1837 a 1841 fue uno de los cinco miembros del Supremo Poder Conservador, y en 1843 rechazó el cargo de consejero de Estado que le ofreció Santa Anna. En el periodo 1844-1845 se presentó por última vez en el Congreso general como diputado por el departamento de Oaxaca. En los últimos años de su vida hubo de presenciar, con profunda aflicción, la intervención estadounidense en México (1846-1848).

Obras de Carlos María de Bustamante

La vida y la obra de Carlos María de Bustamante se caracterizan por la paradoja constante y la irregularidad más sorprendente. Patriota entusiasta, sufrió más persecuciones de los suyos que de los realistas; cargó las más negras tintas sobre la conquista y la colonización españolas, y colmó al mismo tiempo de elogios la organización administrativa, financiera y judicial de los españoles en Nueva España.

Su carácter impresionable y su criterio sin consistencia lo llevaban frecuentemente a rectificaciones y contradicciones que restan valor a sus trabajos de historiador; ello se refleja en su estilo, incorrecto y matizado de vulgaridad, en el que alternan las expresiones pedantes y las chocarreras. Sin embargo, contó lo que vio y lo que vivió con toda la sinceridad de su alma ingenua: he ahí el valor esencial de sus relatos.

Su obra fundamental es el Cuadro histórico de la Revolución Mexicana, con sus continuaciones relativas a las etapas de Iturbide, Bustamante y Santa Anna; entre 1843 y 1846 se imprimió la versión definitiva de los seis tomos de que consta. De su Diario histórico de México, que redactó desde 1822 hasta 1847, poco antes de su muerte, se publicó en 1896 una selección preparada por Elías Amador. En el Diario, que comprende cuarenta y tres volúmenes, Bustamante fue asentando las noticias sobre la vida política, doméstica y social del país.

Otros trabajos suyos son Galería de antiguos príncipes mexicanos (1821), Campañas del general D. Félix María Calleja (1828) y Mañanas de la Alameda de México (1835-1836), obra con la que trata de facilitar a la juventud el estudio de la historia de su país hasta la llegada de los españoles a Veracruz. Su autobiografía, titulada Hay tiempos de hablar y tiempos de callar (1833), es un valioso fragmento de la historia coetánea de México. Autor sumamente prolífico, la lista completa de sus obras comprende ciento siete títulos. No debe desdeñarse su labor de periodista, realizada en publicaciones como El Juguetillo, El Centzontli, La avispa de Chilpancingo, Voz de la Patria, La Marimba y otras.

Resultó de trascendental importancia su labor de editor de libros antiguos, particularmente de obras históricas de época colonial que por aquel entonces todavía estaban manuscritas y en parte olvidadas. En este ámbito cabe destacar, entre otras, sus ediciones de la Historia general de las cosas de Nueva España, de Fray Bernardino de Sahagún, de la Historia de la provincia de la Compañía de Jesús de Nueva España, de Francisco Javier Alegre, y de una de la Relaciones de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl. Gracias a ello han llegado a nosotros textos que hubieran podido perderse, aunque ciertamente esa tarea de editor conllevó modificaciones de títulos, interpolaciones, rectificaciones de textos y otros daños propios de la ligereza de este incansable historiador.