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Joseph Fouché

(Joseph Fouché, duque de Otranto) Político francés de la Revolución y del Imperio napoleónico (La Martinière, Bretaña, 1759 - Trieste, 1820). Era religioso de la orden de los oratorianos. Al estallar la Revolución en 1789, la apoyó con ardor, integrándose en el Club de los Jacobinos.


Joseph Fouché

Su participación política activa comenzó cuando la Revolución evolucionó hacia posiciones más radicales en 1792: fue diputado de la Convención (del partido radical de la Montaña), miembro del Comité de Instrucción Pública y votó por la ejecución de Luis XVI. Durante la dictadura del Comité de Salvación Pública fue uno de los representantes enviados a provincias para implantar el Terror, distinguiéndose por su celo en la campaña de descristianización y en la represión de Lyon (1793).

Robespierre empezó a sospechar de sus simpatías hebertistas (de los extremistas partidarios de Hébert); sintiéndose en peligro, Fouché participó en el golpe de Estado de thermidor que puso fin a la dictadura de Robespierre y su Comité (1794). Una vez liquidado el régimen de la Convención e implantado el Directorio, los nuevos dirigentes también desconfiaron de este político hábil y calculador, al que encarcelaron en 1795 como partícipe de la política robespierrista (1795). Parece que fue Fouché uno de los delatores de la conspiración de Babeuf en 1796, lo que le permitió ganarse la confianza de Barras y, por su intercesión, ser amnistiado y empleado como agente diplomático del gobierno.

En 1799 fue nombrado ministro de la Policía y tejió por toda Francia una eficaz red de agentes, que puso al servicio del golpe de Estado que llevó al poder a Napoleón Bonaparte; éste formó inmediatamente un gobierno provisional con Fouché al frente de la policía, ministerio que ocupó en 1799-1802 y 1804-09. Dicho puesto significaba que Fouché controlaba el poder de hecho en Francia durante las largas ausencias del emperador, ocupado en misiones bélicas y diplomáticas.

Entre sus iniciativas destaca la implantación de una oficina de censura de prensa (el Gabinete negro). Su caída en desgracia tuvo que ver con la desconfianza del emperador ante las continuas intrigas entre Fouché y Talleyrand, exacerbada por la oposición del primero al matrimonio de Napoleón con María Luisa. En 1809 fue apartado de París, encargándole el gobierno de las Provincias Ilíricas (actual Croacia), anexionadas por Francia.

Desde 1810 conspiró para el retorno de los Borbones, aunque aceptó volver a ser ministro del Interior cuando Napoleón regresó de su destierro en Elba y recuperó el poder (Imperio de los Cien Días, 1815). Demostró gran capacidad de supervivencia política al encabezar el gobierno provisional que se formó tras la derrota definitiva de Napoleón en la batalla de Waterloo; negoció el traspaso de poderes con los aliados y contribuyó al retorno del rey Luis XVIII. Inicialmente se mantuvo como jefe de la Policía en el gobierno de la monarquía restaurada, esforzándose por suavizar la represión sobre sus antiguos correligionarios; pero fue alejado aquel mismo año a la embajada francesa en Sajonia, debido a las protestas de los ultrarrealistas. En 1816 se exilió huyendo de la Ley de Luis XVIII contra los regicidas, estableciéndose en el Imperio Austriaco (en la ciudad de Trieste, antigua capital de su gobernación ilírica).

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