Pep Guardiola

(Josep Guardiola i Sala; Santpedor, Barcelona, 1971) Jugador y entrenador de fútbol español. Vinculado desde siempre a la disciplina del FC Barcelona, fue como jugador una destacada figura del llamado Dream Team que, bajo la dirección de Johan Cruyff, ganó cuatro ligas consecutivas y una Copa de Europa a principios de los noventa. Su etapa como entrenador (2008-2012) se recordará como la mejor de la historia del club: sin apenas fichajes, echando mano de la cantera y con una filosofía basada en la posesión del balón y el juego al primer toque en la línea de Cruyff, levantó un Barça desmoralizado y lo convirtió en un equipo tan vistoso como arrollador, capaz a la vez de maravillar con la belleza de su juego y de hacerse, en cuatro años, con catorce de los dieciocho torneos que disputó.


Pep Guardiola

Hijo de Valentí Guardiola, albañil, y Dolors Sala, ama de casa, el pequeño Josep recibió su primera formación futbolística en las categorías infantiles del Nástic de Manresa. En 1984 entró en la Masía; después de pasar por todas las categorías inferiores del Futbol Club Barcelona, debutó con el primer equipo en la temporada 1990-1991, a las órdenes de un entrenador, Johan Cruyff, que en los años siguientes iba a revolucionar el club. Con su técnica y su visión de juego, el centrocampista se convirtió en una de las piezas clave de ese Dream Team que, de la mano de los Koeman, Stoichkov, Romário, Laudrup, Bakero o Zubizarreta, en un despliegue de fútbol al primer toque, rápido y efectivo, encandiló en la primera mitad de los años noventa y dio a los azulgrana cuatro Ligas consecutivas entre 1991 y 1994 y la primera Copa de Europa, que el equipo levantó el 20 de mayo de 1992, en el mítico estadio de Wembley.

Ese mismo año, en el ámbito internacional, Guardiola ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona con la selección española, con la que también participaría en el Mundial de 1994 y en la Eurocopa 2000. Pep siguió en el Barça hasta 2001, bajo la batuta de Bobby Robson y Louis Van Gaal, unos años en los que engrosó su palmarés con algunos resultados notables, especialmente en la temporada 1996-1997, con la Recopa, y en las dos siguientes, con dos campeonatos de Liga consecutivos, si bien en esta época estuvo varios meses apartado del terreno de juego debido a una grave lesión. Fueron en total 472 partidos con la camiseta azulgrana.

En 2001, cumplidos ya los treinta años, Guardiola decidió dar un giro a su carrera y se marchó a Italia, donde jugó con el Brescia (la temporada 2001-2002 y parte de las siguiente) y pasó fugazmente por el AS Roma (2002-2003). No le fueron bien las cosas en aquel país, pues fue acusado de dopaje por nandrolona (noviembre de 2001) cuando militaba en las filas del cuadro lombardo y condenado en primera instancia a siete meses de cárcel y 2.000 euros de multa. Cuando se conoció la sentencia, en mayo de 2005, Guardiola jugaba en el Al-Ahili de Qatar. Consciente de que toda su carrera se venía abajo, el futbolista vivió en esos años un auténtico calvario y centró todos sus esfuerzos en demostrar su inocencia, que siempre proclamó. Finalmente, en noviembre de 2007, el Tribunal de Apelación de Brescia le dio la razón y fue absuelto. Habían sido unos años difíciles para un deportista que había acabado su carrera como jugador en el Dorados de Sinaloa de México (2005-2006) y que, al conocerse su absolución, trabajaba en el cuadro técnico de las divisiones inferiores del FC Barcelona.


Pep Guardiola en su etapa como entrenador

Pep Guardiola entrenaba a los chicos del Barça B cuando, al final de la temporada 2007-2008, el presidente del club, Joan Laporta, con el proyecto del técnico holandés Frank Rijkaard agotado, lo llamó para hacerse cargo del primer equipo. Era un fichaje sorprendente, dada la poca experiencia del ex jugador como entrenador. La apuesta de Laporta hizo correr ríos de tinta; pese a que como futbolista y como ex capitán del Barça Guardiola ocupaba un lugar en la historia del club, muchos fueron los culés y los medios que se mostraron escépticos ante esa nueva etapa de su vida. Y más cuando en los dos primeros partidos de la Liga 2008-2009 el equipo sólo cosechó un punto de los seis posibles (perdió con el Numancia y empató con el Racing de Santander).

Y luego ocurrió lo que parecía imposible. La maquinaria azulgrana empezó a funcionar y pronto encandiló a propios y extraños. A los buenos resultados de la campaña liguera había que añadirle un juego espectacular que no dejaba a nadie indiferente. Pronto la prensa internacional se hizo eco de aquel equipo que funcionaba como un engranaje: precisión en el toque, pases magistrales y goles de libro. Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Carles Puyol, Leo Messi y todos y cada uno de los jugadores nunca daban un partido por perdido, reflejando el enérgico liderazgo del técnico y sus dotes para la motivación. Los emergentes de la cantera, por la que el flamante entrenador apostó sin reservas, se encumbraron hasta lo más alto.

La unanimidad sobre el talento del nuevo Barça era cada vez más evidente y 2009 fue, sin duda, el año más glorioso de los más de cien años de historia del barcelonismo. Y es que en 2009 el FC Barcelona ganó, consecutivamente, los seis títulos a los que aspiraba: la Copa del Rey, la Liga española y la Champions League, victorias que daban derecho a disputar la Supercopa de España, la Supercopa de Europa y el Mundial de Clubes (antes Copa Intercontinental), que también terminaron en las vitrinas del club. Y su entrenador se convirtió en el único de la historia en conseguir los seis títulos oficiales en un mismo año.

Los reconocimientos no se hicieron esperar. La Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS) lo nombró mejor entrenador del mundo de 2009; la prensa no escatimó elogios sobre el entrenador revelación y los culés le agradecerían para siempre su año más dulce. Guardiola fue elegido Catalán del Año y recibía homenajes públicos, entre ellos el que le dedicó su pueblo natal; el técnico generaba más literatura que los astros cinematográficos (Palabra de Pep, Liderazgo de Guardiola, Escuchando a Guardiola. El pensamiento futbolístico y vital del entrenador del Barça en 150 frases...) y más euforia colectiva que nadie. Se convirtió en un auténtico gurú del barcelonismo. Tal era su poder, tan querido era, que, ante el fin de la era Laporta, cuyo mandato expiraba en junio de 2010, se vio obligado a dar públicamente su palabra de que seguiría entrenando al primer equipo con el presidente que le sucediera. El 13 de junio se desveló la duda: Guardiola iniciaría la temporada 2010-2011 con el presidente Sandro Rosell.

Mientras tanto, en la temporada 2009-2010, sus jugadores habían ganado su segunda Liga consecutiva, con 99 puntos, un nuevo récord en su palmarés y en la historia del campeonato nacional, imponiéndose por tres puntos a un rival, el Real Madrid de Cristiano Ronaldo, que pese a sus constantes esfuerzos nada pudo hacer para detener la máquina azulgrana. Cerraron la campaña imponiéndose en la Supercopa española. En la siguiente, 2010-2011, el equipo casi repitió la proeza de dos años antes: conquistó de nuevo la Liga española y la Champions League, lo que le llevó a disputar y a vencer otra vez en la Supercopa de España, la Supercopa de Europa y el Mundial de Clubes. En su última temporada como técnico, 2011-2012, el equipo sólo pudo hacerse con la Copa del Rey. Pese a su excelente rendimiento, los azulgrana toparon en la Liga con un Madrid en plena forma; y, al igual que los blancos, cayeron en las semifinales de Champions.

Guardiola siempre quiso firmar contratos anuales para no verse atado si las cosas se torcían. En su última temporada empezaron a circular dudas sobre su continuidad, alimentadas por el hecho de que, en una fase bien avanzada de las competiciones, no hubiera renovado todavía su contrato; se recordaba también que en unas declaraciones a un periódico italiano había afirmado preferir "etapas cortas" al frente de un equipo. Poco antes del final de la temporada, Pep Guardiola anunció su marcha, causando consternación entre los barcelonistas, que hubieran querido retenerlo años y años. El técnico adujo como motivos su cansancio y el "haberse vaciado"; necesitaba un tiempo de recuperación, y no descartaba volver algún día al club, atendiendo al deseo de los culés y de su presidente, quien aseguró que siempre tendría las puertas abiertas.