Felipe de Edimburgo

(Felipe de Grecia y de Dinamarca; Corfú, Grecia, 1921) Consorte de la reina Isabel II de Inglaterra. Como único hijo varón del príncipe Andrés de Grecia, Felipe ostentó desde su nacimiento los títulos de príncipe de Grecia y de Dinamarca. Su familia paterna era de origen danés, pues el príncipe Andrés de Grecia era nieto de Christian IX de Dinamarca. Su madre, la princesa Alicia de Battenberg, era la primogénita del príncipe Luis de Battenberg y hermana del conde de Mountbatten de Birmania, el famoso lord Mountbatten.


Felipe de Edimburgo

En 1947, año de su boda con la futura reina Isabel, el príncipe Felipe se nacionalizó británico y renunció a todos sus derechos a la Corona griega. A raíz de este matrimonio, el monarca británico Jorge VI, padre de Isabel, otorgó a Felipe los títulos de duque de Edimburgo, conde de Merioneth, barón de Greenwich y caballero de la Jarretera; de este modo el príncipe consorte, anteriormente llamado Felipe de Grecia y de Dinamarca, empezó a ser conocido como Felipe de Edimburgo.

Biografía

Felipe empezó su educación en una escuela privada de Francia, pero en 1928 viajó a Gran Bretaña para estudiar en la Cheam Preparatory School (escuela primaria), donde permaneció hasta los doce años. Después estuvo un año en la Escuela de Salem, en el sur de Alemania. Finalmente, completó su formación en la exclusiva Gordonstoun School de Morayshire.

En 1939, terminados sus estudios, se enroló en la Royal Navy como cadete. En octubre de 1942 se convirtió, a los veintiún años, en el más joven subcomandante de la Armada y ocupó el cargo en el Wallace, buque que, en julio de 1943, intervino en el desembarco aliado en Sicilia. En marzo de 1945 participó en la batalla de Matapan contra la flota italiana y en septiembre de 1945 fue testigo de la rendición japonesa en la bahía de Tokio.

Isabel y Felipe se conocieron en el verano de 1939. Ella tenía trece años y aún la llamaban Lilibet. Él, de diecinueve, era un apuesto cadete de la Real Academia Naval de Darmouth y sobrino de lord Mountbatten, que había llegado a puerto en el yate real Victoria & Albert como invitado de los reyes y de sus dos hijas. Felipe fue convidado a cenar a bordo. Aquel joven muy alto, rubio y atlético causó sensación entre las «niñas», según escribió su tío, aunque el interesado se guardó muy mucho de exteriorizar sus sentimientos.

Quienes le conocen desde niño aseguran que se trata de una coraza que se vio obligado a fabricarse para superar los traumas de su atribulada infancia. Su madre, esquizofrénica, acabó ingresando en una orden religiosa, y su padre, que moriría cuando Felipe aún era un niño, buscó consuelo en una amante y en las mesas de juego de Montecarlo. Desde 1922, cuando toda su familia huyó de Grecia a raíz de la derrota del ejército heleno por los turcos, Felipe sobrevivió gracias a las ayudas de parientes lejanos, viviendo alternativamente en Francia, Alemania y Gran Bretaña.

Noviazgo y boda

Enamorado o no, Felipe de Edimburgo mantuvo correspondencia con Isabel durante la Segunda Guerra Mundial, mientras él servía en la Marina. Ella, sin prestar excesiva atención a otros pretendientes, lo esperó hasta 1946, ante el escepticismo de la corte de Londres, que desconfiaba del casamentero lord Mountbatten porque aún no se había repuesto de la abdicación de Eduardo VIII a causa de su relación amorosa con la divorciada estadounidense Wallis Simpson.

Finalmente, el rey Jorge VI dio el consentimiento al compromiso en julio de 1947. Para entonces Felipe, perteneciente a una rama marginal y empobrecida de la realeza europea, estrechamente vinculada a Alemania en una época de creciente germanofobia, ya había obtenido el pasaporte británico y adoptado la traducción inglesa de su apellido materno, Mountbatten, en lugar de la retahíla de apellidos paternos: Scheswig Holstein Sonderburg Glucksburg.

La boda real tuvo lugar el 20 de noviembre de 1947 en la abadía de Westminster, con asistencia de toda la realeza europea, pero ninguna de las tres hermanas de Felipe, casadas con alemanes, fue invitada a la ceremonia, como tampoco lo fue el duque de Windsor. «Un toque de color en el duro camino que debemos recorrer»: así describió la boda Winston Churchill, en un año de crisis económica en que Gran Bretaña descubrió que ya no era una potencia mundial.

Isabel, reina; Felipe, príncipe consorte

Aquella armoniosa relación se rompió cuando Isabel tuvo que suceder a su padre, fallecido en 1952. El equilibrio de poder en la pareja se rompió. Felipe vio como su esposa iba por otros derroteros, agobiada por los compromisos oficiales. Él pasó a ser simplemente el «príncipe consorte». Lo que más le dolió fue que Isabel II, el día de su coronación, el 2 de junio de 1953, no renunciara al apellido Windsor (que había ostentado su familia desde 1917) en favor de Mountbatten, que había adoptado Felipe. Años después, los miembros más jóvenes de la familia real adoptarían el título compuesto de Mountbatten-Windsor, pero la humillación ya había hecho mella en el carácter dominante de Felipe.

Los rumores sobre crisis matrimonial empezaron a tomar cuerpo pero sin demasiado fundamento. Lo cierto es que, entre octubre de 1956 y febrero de 1957, Felipe emprendió un largo viaje en solitario que fue interpretado como el inicio de una ruptura informal, alimentada también por los rumores de sus presuntas infidelidades. Desde aquella época se le han atribuido romances con la escritora Daphne du Maurier, cuyo marido trabajaba en la oficina del príncipe; con Hélène Cordet, la dueña de un cabaret, amiga de la infancia y madre de uno de los ahijados de Felipe, y con Pat Kirkwood, una estrella del music hall que despertaba la admiración de los hombres por sus largas y esbeltas piernas.

La educación de los hijos

Ambos consortes desarrollaron una especie de matrimonio de trabajo, con vivencias paralelas pero con líneas de encuentro y de respeto mutuo. Seguramente incluso habrían envejecido felices de no ser por los escándalos de los divorcios de tres de sus hijos: «Con lo bien que creíamos que les habíamos educado», dicen que le dijo Isabel a Felipe aquel annus horribilis de 1992 en que salió a la luz el asunto del heredero Carlos con Camilla Parker-Bowles, ardió el palacio de Windsor y el gobierno aumentó los impuestos a la Corona.

Los cuatro hijos fueron, en efecto, quienes más amargaron lo que habría sido una plácida existencia. Ana Alicia Luisa, la única chica, nació cuando su madre aún no reinaba; se casó en 1973 con el teniente Mark Philips, de quien se divorció en 1992. El primogénito y heredero de la Corona, Carlos de Inglaterra, se casó en 1981 con Diana Spencer, de quien se divorció en 1996; el amor de su vida, aún casado, fue y seguiría siendo Camilla Parker-Bowles.

Andrés, nacido en 1960, optó por la carrera militar que no pudo culminar su padre, y se dio a conocer por sus escándalos amorosos, uno de ellos con la actriz porno Koo Stark; se casó en 1986 con Sarah Ferguson y se divorció diez años después. Eduardo era el más tranquilo de todos, pero disgustó a su padre cuando abandonó la carrera militar en un cuerpo de élite de infantería; después, con el beneplácito de su padre y la oposición de su hermano Carlos, se dedicó a la producción teatral y televisiva, junto a su esposa Sophie Rhys-Jones, con la que convivió muchos años sin casarse pese a la insistencia y el disgusto del duque de Edimburgo.

Felipe de Edimburgo jamás llegó a entenderse con su hijo Carlos, a quien siempre le resultaría irritante a este hombre serio, elegante y de humor cáustico. Carlos tampoco perdonó a su padre que le conminara a casarse con Diana Spencer aun sabiendo que, según la opinión de su progenitor, se trataba de una «joven presumida, poco inteligente y neurótica»; lo hizo para intentar apartarlo de Camilla, entonces esposa de un buen amigo suyo.

En una biografía de Felipe de Edimburgo escrita por el periodista británico Graham Turner y publicada en mayo de 2000, aquél declaraba que consideraba a Carlos incapacitado para gobernar: «Es artificial y extravagante, y le falta dedicación y disciplina para ser un buen rey». Carlos, con su inestabilidad y sus devaneos, había puesto en peligro la institución, algo sagrado para un hombre que, el día de la coronación, prometió a su esposa Isabel II que sería un fiel vasallo. Pero no hay que olvidar las palabras del rey Faruk de Egipto el día que lo destronaron: «Dentro de unos años en el mundo sólo quedarán cinco reyes: los cuatro de la baraja y la reina de Inglaterra».

Deportes y medio ambiente

Apasionado por toda clase de deportes -en especial el polo, la navegación y la caza-, el protocolo le aburre, y no lo disimula, por lo que se ha ganado la antipatía de los miembros más rígidos de la aristocracia, que han criticado su poco sentido de la diplomacia y su ruda naturalidad.

Su pasión por el medio ambiente le llevó a convertirse, en 1959, en miembro activo del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, en sus siglas inglesas), organismo del que fue nombrado presidente en 1981. Es quizás la única ocupación que se tomó en serio y a la que dedicó su talento; posteriormente fue su presidente honorario. Fue asimismo presidente de la Federación Ecuestre Internacional desde 1964 hasta 1986, presidente del Concilio Central de Investigación Física y almirante del Escuadrón del Yate Real, entre otros numerosos cargos. Apenas hay un aspecto de la actividad industrial de Gran Bretaña con el que no esté familiarizado, porque ha visitado todos los centros de investigación científica y técnica; desde 1952 fue presidente de la Asociación para el Avance de la Ciencia.