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José María Vergara y Vergara

(Bogotá, 1831- id., 1872) Escritor y crítico literario colombiano. Organizó y dirigió la Academia Colombiana de la Lengua, creada a imagen de la Española. Es autor de poesías (Versos en borrador, 1869), cuadros costumbristas al modo de Fernán Caballero (Las tres tazas y otros cuentos, 1863) y novelas (Olivos y aceitunos, todos son unos, 1868), así como de una extensa obra de crítica literaria (Historia de la literatura en Nueva Granada, 1867).


José María Vergara y Vergara

De familia acomodada, no hizo estudios universitarios y dedicó su vida al periodismo y la literatura; su pasión por los libros lo llevó a reunir una espléndida biblioteca, que utilizó en sus estudios. Al igual que José Eugenio Díaz Castro, José María Vergara y Vergara, considerado el primer historiador de la literatura colombiana, fue cofundador de El mosaico (1856-1862), principal órgano difusor del costumbrismo. Vergara no fue sólo uno de los instigadores del movimiento, sino el alma de este semanario, de gran repercusión en la vida literaria colombiana. Este círculo agrupó individualidades dispersas que se dejaron influir por autores europeos (Chateaubriand, Victor Hugo, Walter Scott, Larra, Mesonero Romanos y otros); los autores de aquel colectivo literario expresaron muy diversas preocupaciones, unidos, en general, por el hilo del cuadro de costumbres.

Durante su viaje a España, la Real Academia Española de la Lengua le facultó para establecer filiales en América, y a su regreso, Vergara y Vergara organizó y puso en marcha la Academia Colombiana de la Lengua, aunque la iniciación real de los trabajos de esta corporación no se realizó hasta pocos meses después de la muerte de su fundador y director. Vergara y Vergara fue un personaje central de la cultura y de las letras colombianas, pese a que murió cuando el anuncio de su madurez permitía esperar de él muchas más cosas.

Como historiador de la literatura colombiana, su obra es meritoria y constituye una fuente en la que han bebido constantemente los críticos posteriores. Su Historia de la literatura en Nueva Granada (1867) es una referencia tradicional inevitable. Allí considera saludable el matrimonio de la literatura colombiana con la española, al tiempo que declara nefasta la influencia literaria francesa. Partidario de la originalidad, repudió sin embargo a Góngora, y por esta vía, en parte, al primer gran poeta nacional, Hernando Domínguez Camargo. Como escritor costumbrista, su figura crece en la novela breve Olivos y aceitunos, todos son unos (1868), y sobre todo, en los cuadros costumbristas, algunos de los cuales son de gran calidad y denotan un excelente sentido del humor: Las tres tazas, Un par de viejos, Consejos a mi potro, Un manojito de hierba, Los buitres y algunos otros.

El título de su novela Olivos y aceitunos, todos son unos (1868) remite a un viejo refrán popular con el que se criticaba a quienes perdían el tiempo inútilmente buscando la diferencia entre dos cosas que eran exactamente iguales. El bogotano usa el refrán para decir que en política los pillos son siempre los mismos y que no vale la pena gastar el tiempo tratando de diferenciarlos. El tema de la novela es la corrupción y las intrigas que caracterizan el quehacer político; la historia se desarrolla en la población de La Paz, capital de la imaginaria provincia de Chirichiquí, hacia el año 1866, aunque hay constantes referencias a los pasados gobiernos de Mariano Ospina Rodríguez, José María Melo y Tomás Cipriano de Mosquera. Es ésta una época de corrupción y desorganización en la que reina el sistema gamonalicio. El autor no escatima esfuerzos para denunciar la injusticia y la ineficacia de estos gobiernos; la Constitución del 53, por la cual se consolidó la Confederación Granadina, también es motivo de duras críticas.

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